Uno de los renders de los trabajos de investigación. / Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva y Prensa UNS.
“El paraguas común de todas las propuestas es la creación de espacio público de calidad”, sostuvo el Dr. Andrés Moroni, director de la carrera de Arquitectura, quien dirigió un innovador workshop proyectual con estudiantes universitarios.
Por Guillermo D. Rueda
“Más que una conclusión única, generamos un conocimiento colectivo”, dijo el Dr. Andrés Moroni, director de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional del Sur (UNS), quien estuvo a cargo de un innovador workshop proyectual que reunió a más de 100 estudiantes y unos 25 docentes de las casas de altos estudios de nuestra ciudad y de La Plata (UNLP) con el objetivo de pensar el futuro del paisaje urbano local.
“Algunos grupos desarrollaron la idea de que el agua no se escurra totalmente, sino que existan sectores que la retengan, transformando al lugar en un fenómeno paisajístico con áreas inundables programadas”, agregó.
“Es lo que llamamos la ciudad esponja, un concepto que debe ir en sintonía con operaciones en otras partes de la cuenca media o alta del Napostá”, aseguró.
“¿Cómo funciona exactamente este concepto? Ciudad esponja propone un cambio de paradigma en la gestión del agua urbana”, agrega Moroni. El modelo funciona bajo los siguientes principios:
—Retención selectiva: en lugar de que el agua sea evacuada en su totalidad de forma inmediata, se generan sectores específicos diseñados para retener el líquido (evitando la saturación de los sistemas de drenaje).
—Espacios públicos inundables: el diseño contempla áreas que pueden transformarse en fenómenos paisajísticos, permitiendo que ciertos espacios públicos se inunden de manera excepcional y programada para alojar el agua de lluvia.

—Integración de infraestructura y paisaje: el sitio de infraestructura (léase el Maldonado) deja de ser visto únicamente como un canal de escurrimiento técnico y se convierte en un corredor urbano ambiental.
—Coordinación sistémica: “Para que el concepto sea efectivo, estas ideas deben funcionar en sintonía con otras operaciones en diferentes puntos de la región, como la cuenca media o alta del Napostá, permitiendo un manejo integral del recurso hídrico”, aseguró.

Asimismo, Moroni —en diálogo con La Nueva.— sostuvo que el paraguas común de todas las propuestas es la creación de espacio público de calidad.
El objetivo de la propuesta fue desarrollar ideas experimentales sobre el corredor urbano ambiental que une la zona de La Carrindanga con el estuario, específicamente en el sector del Canal Maldonado y la avenida Cuyo, entre las calles Zelarrayán y Tucumán.

—¿Cuál es el enfoque central al intervenir una pieza estructural como el Canal Maldonado?
—La idea es no entender el canal únicamente como una obra de infraestructura para el escurrimiento de aguas, que es su función primaria, sino enlazarlo con la generación de espacio público y paisaje.

“Buscamos que este sector permita la integración entre el macrocentro y los barrios. Bajo el concepto de inteligencia natural, exploramos cómo la ciudad, la infraestructura y el paisaje pueden convivir en sintonía”.
—¿Tienen estos proyectos una aplicación inmediata o un viso de realización eventual a futuro por parte de las autoridades de turno?
—Es importante aclarar que son trabajos académicos y experimentales, y no proyectos ejecutivos de organización inmediata.

“Sin embargo, lo que construimos en la universidad es una masa crítica. Generamos ideas para que puedan ser tenidas en cuenta por quienes tienen poder de decisión; es una sumatoria de capas de conocimiento que se aporta a la ciudad. Siempre trabajamos sobre sitios y problemáticas reales, ya sea en el estuario, en sectores rurales, urbanos y, como en este caso, en el Canal Maldonado”.
—¿Cómo fue la respuesta de los estudiantes ante un desafío que está fuera de la currícula tradicional de la carrera de Arquitectura?
—Excelente y muy energizante. Participaron alumnos de cuarto y quinto año de ambas universidades en grupos mixtos, trabajando en ocasiones hasta las 20 horas por puro entusiasmo e inquietud intelectual, ya que la actividad no tenía una calificación o nota. Es gratificante ver cómo se unen a través del proyecto y las ideas que van surgiendo en un proceso tan apasionado.
La lente de la inteligencia natural
Las tres jornadas intensivas para reconvertir el corredor del Canal Maldonado, en una nueva edición del workshop 5+2 Talleres – Urbanismo Resiliente: Ciudad y Territorio, se desarrollaron en este abril en la ciudad.

“Si bien se trabajó sobre el Canal Maldonado, la carrera de Arquitectura viene eligiendo desde hace 10 años distintos sectores de la ciudad para proyectar”, dijo Moroni.
“Cada ciclo académico tomamos un área, desde equipamiento urbano en primer año hasta un master plan en quinto, para insertar a los alumnos en la realidad de su entorno. Y en esta oportunidad el tema fue la infraestructura y el paisaje bajo la lente de la inteligencia natural”, añadió.
Algo personal
Andrés Moroni nació en Bahía Blanca. La primaria la hizo en la Escuela Nº 3 y la secundaria en el Ciclo Básico y Comercio de la UNS.
Se recibió de arquitecto en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata en 1996 con la tesis denominada Desarrollo urbano en las áreas ferroviarias de Mercado Victoria y Estación Noroeste, en Bahía Blanca.

Obtuvo su doctorado en Arquitectura en University of Tokyo en 2004, con la tesis: Estudio morfológico de fachadas en áreas comerciales y de entretenimiento en Tokio. Allí también obtuvo el Master en Arquitectura. Tras la experiencia profesional en Tokio y en Londres por dos períodos (1998 a 2004 y 2006 a 2012), retornó a Bahía Blanca en 2012, donde ejerce como arquitecto.
En la faz académica, es director de la carrera de Arquitectura, dependiente del Departamento de Geografía y Turismo de la Universidad Nacional del Sur. Además, es profesor adjunto en el Taller de Arquitectura y en Morfología