El volumen de recursos detectados en el Macizo del Deseado vuelve a poner a Santa Cruz en el radar de la minería, pero esta vez con un paso que puede definir el futuro del proyecto. La decisión de avanzar con una evaluación económica preliminar abre una etapa donde los números empiezan a tener tanto peso como la geología.
El yacimiento El Dorado–Monserrat concentra una cantidad significativa de mineral que todavía no se traduce en producción. Sin embargo, los datos actuales permiten dimensionar su escala y proyectar un posible desarrollo a cielo abierto.
En ese contexto, Fredonia Mining inició formalmente la elaboración de la Evaluación Económica Preliminar (PEA). Se trata de un estudio clave que determinará si el proyecto puede sostenerse desde el punto de vista financiero y operativo.
El análisis incluirá variables centrales para cualquier desarrollo minero. Entre ellas aparecen los métodos de extracción, los sistemas de procesamiento, la infraestructura necesaria y los costos tanto iniciales como de operación.
La base sobre la que se trabajará no es menor. El proyecto cuenta con 81,3 millones de toneladas de recursos minerales medidos e indicados, con una ley equivalente de oro de 0,86 gramos por tonelada.
En términos de volumen, eso representa aproximadamente 2,25 millones de onzas de oro equivalente, que incluyen 1,59 millones de onzas de oro y 49,1 millones de onzas de plata. Se trata de cifras que ubican al proyecto dentro de los desarrollos de escala relevante en la región.
Además, el sistema mineralizado no está completamente delimitado. Según la información disponible, permanece abierto en distintas direcciones, lo que deja margen para futuras perforaciones y un eventual crecimiento de los recursos.
El trabajo técnico estará a cargo de GeoInvestment SpA, una consultora con experiencia en proyectos mineros en Latinoamérica. Su participación apunta a integrar los aspectos geológicos con la viabilidad económica, una combinación que define el destino de este tipo de emprendimientos.
En paralelo, la empresa se prepara para una nueva etapa de exploración. Las perforaciones previstas buscarán ampliar el conocimiento del yacimiento y respaldar la conversión de recursos en reservas, un paso necesario para avanzar hacia la producción.
La PEA no solo marcará si el proyecto es viable, sino también qué escala podría alcanzar. Ese resultado será determinante para definir inversiones, tiempos de desarrollo y el impacto que podría tener en la economía regional.
El cronograma ya tiene una fecha en el horizonte. Fredonia prevé presentar los resultados durante el tercer trimestre de 2026, momento en el que se conocerá si el proyecto da el salto hacia una etapa más avanzada o si requiere ajustes antes de continuar