La Municipalidad no espera ni un peso de la Nación para este año. La actividad económica se sostiene, pero crecen las tensiones por los tributos.
Bariloche y el blindaje local
La explicación que ensayan en el oficialismo barilochense es lineal. La incidencia de la coparticipación nacional en el municipio es muy poca y están obligados a sostener una recaudación propia alta, resumen en el Centro Cívico.
En este diseño, los instrumentos de recaudación local cobran especial relevancia, como la Tasa de Inspección, Seguridad e Higiene (TISH), atada a la facturación de la actividad privada. En un contexto donde el movimiento turístico y comercial sostiene niveles aceptables, esa recaudación crece y amortigua el golpe externo. “Bariloche es una isla”, sintetizan en el oficialismo, en referencia a una dinámica económica más robusta que la de otras localidades.
Prioridades y riesgos
Con esa estructura, el impacto del ajuste llega atenuado. «El intendente me pidió, en primera instancia, resguardar los sueldos, y en segunda, todos los compromisos asumidos», de los cuales el principal es la obra pública, le dijo a este medio el secretario de Hacienda, Gonzalo Lerra. Hoy “salarios y aguinaldos están respaldados”, afirmó.
Cerca de Cortés hablan de un manejo “austero” de recursos y destacan la utilización de cuadrillas y maquinaria propia. La realización de negociaciones paritarias sin comprometer las cuentas y la decisión de no recurrir al descubierto para pagar sueldos son presentadas como señales de orden fiscal.
Esa estabilidad, sin embargo, tiene costos y límites. El aumento de tasas que apuntala la recaudación local es, al mismo tiempo, un flanco de conflicto con la oposición, que judicializa la política tributaria del municipio.
Denuncias de impuestos encubiertos
La seguridad que muestra el Ejecutivo con las cuentas públicas es puesta en duda por la oposición. «El año pasado erraron la previsión de recursos en un 50%», le dijo a Letra P el concejal Leandro Costa Brutten (Incluyendo Bariloche). El edil peronista denunció aumentos generalizados en la Tasa municipal de cifras en torno al 400%, que en algunos casos llegaron hasta el 1000%.
“Hicimos una denuncia penal por abuso de autoridad e incumplimiento de deberes de funcionario público, aunque aún estamos agotando la vía administrativa”, señaló el dirigente.
Desde su bloque denunciaron además que la TISH no cumple con el principio de ser retributiva de un servicio efectivamente prestado, como establece la Carta Orgánica Municipal. Para la oposición, esa diferencia evidencia que no se trata de una tasa sino de un impuesto encubierto sobre la actividad económica.
La arquitectura de la coparticipación
El reparto de fondos explica parte de la autonomía relativa de Bariloche. La provincia distribuye recursos a los municipios a partir de tres grandes bolsas: el 26,5% de los impuestos provinciales, el 10% de la coparticipación federal y otro 10% de regalías hidrocarburíferas y mineras.
Ese diseño deja a los gobiernos locales parcialmente expuestos a la caída de fondos nacionales, pero también les permite sostener ingresos a partir de la recaudación provincial y, en el caso de ciudades con mayor actividad, de sus propios tributos.
En los municipios más chicos, donde la estructura económica es más débil, la baja de transferencias impacta de lleno. En Bariloche, en cambio, el efecto se diluye, al menos por ahora. Incluso dentro del gabinete reconocen que el escenario es dinámico y que el margen podría achicarse si la tendencia se profundiza.
El contexto de Río Negro
Los números del primer trimestre difundidos por la administración de Alberto Weretilneck muestran una caída sostenida de los envíos nacionales: más de 11.700 millones de pesos menos en enero, 10.600 millones en febrero y casi 7.000 millones en marzo, en términos reales.
El deterioro se explica, en gran parte, por la baja de los principales impuestos coparticipables. El IVA, termómetro del consumo, registró caídas superiores al 12% en los primeros meses del año, mientras que Ganancias mostró un desplome más marcado en marzo.
El resultado es una merma acumulada que reduce el margen de maniobra provincial en un contexto de negociación salarial y ajuste del gasto. Ese es el frente que observa con atención el municipio, consciente de que cualquier tensión en las cuentas provinciales puede trasladarse hacia abajo.
El equilibrio es inestable. Bariloche logra amortiguar el ajuste por su nivel de actividad, su esquema de recaudación y una administración que prioriza salarios. Pero ese blindaje depende de variables que no controla: la evolución del consumo, la presión tributaria local y, sobre todo, la capacidad de la provincia de sostener sus propios ingresos. Si ese combo se resquebraja, la “isla” puede empezar a parecerse más al resto del mapa

