De cada $100 generados por una hectárea, $62,5 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales. Foto: JUAN JOSE GARCIA.
- El Índice de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina registró un aumento de 6 puntos en tres meses.
- El trigo, el cultivo que está en una situación crítica.
La presión impositiva sobre la renta agrícola volvió a escalar en la Argentina y alcanzó el 62,5%, según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina. El dato, correspondiente a marzo de 2026, marca un aumento de 6,1 puntos porcentuales respecto de diciembre y refleja el impacto combinado de la suba de costos productivos y la actualización de impuestos provinciales y municipales.
Detrás de este salto aparece un factor central: el conflicto en Medio Oriente y las tensiones en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula una parte clave del comercio global de energía y fertilizantes.
Ese contexto empujó con fuerza el precio de la urea (insumo esencial para la producción) y del combustible, afectando de lleno la rentabilidad agrícola. Este lunes, la Sociedad Rural Argentina (SRA) indicó que este fertilizante nitrogenado subió 42%, pasando de 530 a 750 dólares por tonelada, y el gasoil aumentó un 22% entre fines de febrero y la tercera semana de marzo, pasando de $1.775 a $2.166 por litro
“Esta edición está, más que nunca, marcada por la coyuntura nacional e internacional: suba de costos como el combustible que impacta en los fletes, actualizaciones de impuestos provinciales y baja rentabilidad”, explicó Nicolle Pisani Claro, economista Jefad e FADA.
En términos concretos, el indicador muestra que de cada $100 generados por una hectárea, $62,5 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales.
A nivel provincial, las diferencias son marcadas: Entre Ríos encabeza con 67,6%, mientras que Córdoba registra 60,2%, Buenos Aires, 60,4%, La Pampa, 60,4%, Santa Fe, 57%. y San Luis 55,7%.
El Índice FADA ( que se realiza cada tres meses) había dado en diciembre 56,3%, una baja en relación a septiembre (60%) por la disminución de las alícuotas permanentes de las retenciones implementadas por el Gobierno.

Costos en alza y más presión fiscal
Desde FADA explican que el aumento del índice responde a una doble dinámica. Por un lado, el incremento de los costos de producción achica la renta. Por otro, la actualización de tributos (habitual a comienzos de año) incrementa el peso de los impuestos por hectárea.
“Este combo de costos en alza, ingresos ajustados y actualización de tributos provinciales genera un efecto claro: aunque los impuestos no cambien estructuralmente, pesan más sobre una renta menor”, señaló Antonella Semadeni, economista de FADA.
En este sentido, los impuestos provinciales y municipales pasaron de representar el 6,4% del total a fines de 2025 a casi el 10% en el inicio de 2026. El impuesto inmobiliario rural mostró subas promedio del 79% a nivel nacional, mientras que las tasas municipales aumentaron alrededor del 32%.
Trigo, el cultivo más comprometido
El análisis por cultivo deja en evidencia una caída generalizada de la rentabilidad, aunque con situaciones dispares. En soja, el Estado participa con el 61,6% de la renta; en maíz, con el 56,8%; y en girasol, el indicador se dispara al 80,3%.
Sin embargo, el caso más crítico es el del trigo, donde la participación estatal alcanza el 104,4%.
“Esto significa que la carga impositiva es mayor a la renta generada, es decir, el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir los impuestos”, advirtió Fiorella Savarino.
Este escenario ubica al cereal en una situación delicada, altamente condicionado por el aumento de costos y su fuerte dependencia de la fertilización.
Uno de los principales motores de este deterioro es el encarecimiento de la urea, cuyo precio subió 43% desde diciembre y 39% interanual. El conflicto en el estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del petróleo, el 25% del gas y el 50% de la urea a nivel mundial— generó tensiones en los mercados internacionales.
Este aumento impacta directamente en cultivos como trigo y maíz, intensivos en el uso de fertilizantes
A la suba de insumos se suman otros factores que presionan sobre los costos. Las labores agrícolas aumentaron un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación estimada para el período (8,6%), evidenciando un fuerte desfasaje.
También los fletes registraron incrementos, impulsados por el combustible: 8,4% en pesos y 12% en dólares. Esto afecta especialmente a las regiones más alejadas de los puertos, donde la logística tiene mayor incidencia.
“Todo esto configura un escenario en el que producir requiere cada vez más recursos, reduciendo los márgenes del productor”, sostuvo Luz Silvetti.
A su vez, se deterioró la relación insumo-producto: hoy se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 de trigo para comprar una tonelada de urea, una ecuación menos favorable que la de un año atrás.
Redacción Clarín