Los mineros tradicionales no usan prácticamente tecnología, pero se enfrentan a las mismas condiciones desafiantes que un gran proyecto.
Cinco explotadores tradicionales, de escala familiar, obtuvieron las primeras declaraciones de impacto ambiental.
Un trámite pensado para grandes mineros
Dománico contó a DIARIO DE CUYO que el problema que tenían los procesos de inscripción es que “se le exigía lo mismo a un pequeño productor que a Veladero”. El empresario se dedica a la extracción e industrialización de productos de diatomea y con esta nueva autorización analizan vender a Chile.
Pero si bien el proyecto de este productor tiene un perfil más industrial, algunos de los que ingresaron al programa son lo que se conocen como pirquineros, un tipo de producción minera muy artesanal. “Algunos son personas que van con mulas a una zona, sacan bolsas de tierra y con procesos obtienen una pepita muy chica de oro, que después venden”, detalló una fuente oficial.
No solo es oro y diatomeas, entre los productores que han acompañado hay quienes obtienen plata, platino, plomo y otros productos tanto metalíferos como no metalíferos. Muchos se dedicaban a extraer minerales de terrenos propios, otros en áreas de montaña.
Lo cierto es que la producción minera cuenta con exigencias más altas que la mayoría de las industrias y todas las etapas deben tener DIA y habilitaciones especiales, incluso cuando son de escala muy chica. Por eso, aunque era una actividad tradicional, los productores se encontraban trabajando sin autorización.
El objetivo del programa de gobierno fue facilitar los trámites y adaptarlos a las necesidades y limitaciones de estos productores, para que pudieran ejercer su actividad en un marco legal.
Ayudas personalizadas y una oficina local
“Para empezar una autorización de exploración era todo muy complicado”, recordó Dománico. Relató que debían presentar documentación en mesa de entrada del Ministerio de Minería, en la ciudad Capital, con 14 copias para que fueran a todos los organismos que controlan.
“Si había que hacer alguna modificación era empezar de vuelta, copias para todos y el gasto y el problema que significa para la pyme”, detalló. Para los proyectos de gran y mediana escala esto es normal: Josemaría tomó dos años de idas y vueltas para obtener su primera DIA y la última actualización demoró 6 meses.
El problema era que siendo productores chicos, muchos de ellos con ganancias muy bajas por sus minerales extraídos prácticamente a mano, sostener el proceso era imposible y más viajando de Iglesia a Capital. Por eso una de las medidas claves fue ubicar una oficina en el departamento.
En esta dependencia los productores reciben capacitación de cómo avanzar con la formalización, eran acompañados por técnicos y podían presentar todo sin tener que viajar. Esta fue una de las claves del éxito del proceso, que podría ahora trasladarse a otros departamentos con minería artesanal o de pequeña escala