Zona Franca de Jáchal, de promesa postergada a nodo estratégico

La aprobación nacional para relocalizar la Zona Franca de Jáchal no debe leerse como un simple cambio geográfico. Es, en rigor, la consolidación de una estrategia provincial que busca saldar una deuda histórica y, al mismo tiempo, proyectar al norte de San Juan como un engranaje central del desarrollo productivo. Después de más de tres décadas de intentos fallidos, demoras administrativas y oportunidades perdidas, el proyecto parece, finalmente, tomar forma con una visión mucho más ambiciosa.

Por Diario de Cuyo

El nuevo predio en Campo Los Blanquitos, con acceso directo a la Ruta 150, introduce una diferencia sustancial respecto de la idea original que giraba en torno a la ex estación ferroviaria. Ya no se trata de un enclave aislado ni de una infraestructura limitada. La disponibilidad de 110 hectáreas, mejores servicios y conectividad estratégica posicionan a la futura Zona Franca en un corredor clave para la minería, especialmente en vinculación con los proyectos que avanzan en Iglesia, como Vicuña.

Pero el cambio más significativo es conceptual. La iniciativa deja de ser una zona franca en sentido estricto para transformarse en un polo productivo integral. El Gobierno provincial ha delineado un esquema que incluye parque industrial, depósito fiscal y hasta un parque fotovoltaico para abastecer de energía al complejo y su área de influencia. Esta ampliación del alcance no es menor: implica pensar en términos de cadena de valor, logística y sustentabilidad, y no solo en beneficios aduaneros.

Sin embargo, esos beneficios siguen siendo un pilar central. La posibilidad de importar insumos sin tributar, almacenarlos, transformarlos y exportarlos con ventajas impositivas constituye un incentivo concreto para atraer inversiones. En particular, para la minería, donde los costos logísticos y financieros son determinantes, la Zona Franca puede convertirse en una herramienta decisiva. El almacenamiento de grandes volúmenes de insumos y su nacionalización progresiva permite optimizar flujos de caja y mejorar la competitividad.

Ahora bien, ningún proyecto de esta magnitud está exento de interrogantes. La historia reciente obliga a mantener una dosis de cautela. Anuncios similares han quedado en el camino por falta de continuidad política o de condiciones económicas. La clave estará en la ejecución efectiva, en la capacidad de generar condiciones reales para la radicación de empresas y en la articulación con el sector privado.

Si logra concretarse, la relocalización de la Zona Franca puede darle a Jáchal un protagonismo largamente esperado. Más aún, puede convertirse en el motor de un desarrollo equilibrado dentro de la provincia, llevando oportunidades a una región que históricamente ha quedado relegada. La oportunidad está sobre la mesa. Esta vez, el desafío no es prometer, sino cumplir

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