Marcelo Bustamante. Rosario cuenta con 12.207.000 metros cuadrados de espacios verdes públicos, distribuidos en más de 500 sitios en toda la ciudad.
Consolidó en las últimas décadas una recuperación del frente costero y la creación de nuevos parques y plazas que multiplicaron por seis la cifra de 1990: de 2 a 12,3 metros cuadrados por habitante
Por Nicolás Maggi
En el año 1990, Rosario tenía dos metros cuadrados de espacios verdes por habitantes. Más de tres décadas después, mediante la recuperación de todo el frente costero portuario y ferroviario, ese número se multiplicó por seis, y puso a la ciudad en la cima del ranking de suelo para parques y plazas por habitante.
Según datos municipales y estudios urbanísticos, Rosario cuenta con 12.207.000 metros cuadrados de espacios verdes públicos (incluyendo los accesos y los pulmones de avenida Circunvalación), distribuidos en más de 500 sitios en toda la ciudad: 19 parques y 484 plazas y plazoletas. Esa superficie representa aproximadamente el 6,8% del territorio urbano de la ciudad.
Si se relaciona esa superficie con la población, Rosario registra 12,3 metros cuadrados de espacio verde público por habitante. Ese valor se encuentra dentro del rango recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que sugiere entre 10 y 15 metros cuadrados de áreas verdes por persona como referencia para una ciudad saludable.
En el top del país
En el contexto nacional, Rosario aparece como la mejor posicionada entre las grandes ciudades del país en relación entre espacios verdes y población. Según relevamientos comparativos citados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en Córdoba el indicador se ubica aproximadamente entre 6,5 y 7,2 metros cuadrados por habitante, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires la disponibilidad es menor y varía según la fuente y el método de cálculo, con valores que se estiman en 6 metros cuadrados por habitante.
Entre las ciudades argentinas, en Mar del Plata ronda los 4 metros cuadrados por persona, y Bahía Blanca presenta uno de los registros más altos, con alrededor de 14 metros, pero con una cantidad de población tres veces menor que Rosario.
Las diferencias están vinculadas a la densidad urbana. Rosario tiene cerca de 950 mil habitantes en 178 kilómetros cuadrados, lo que genera una densidad intermedia entre grandes metrópolis y ciudades medianas. En cambio, Buenos Aires supera los 3 millones de habitantes en apenas 203 kilómetros cuadrados, lo que reduce la disponibilidad de suelo para parques en relación con la población. En ciudades menos densas, como Bahía Blanca, la relación entre superficie urbana y población permite alcanzar valores más altos de espacio verde por habitante.
A escala latinoamericana, un ranking comparativo elaborado en el marco de la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles del BID ubicaba a Rosario en el quinto lugar entre las ciudades analizadas en 2012. Los datos más recientes muestran variaciones, pero ya no se presentan bajo una metodología homogénea que permita una comparación directa entre ciudades.
La lista estaba encabezada por Curitiba, con 51,5 metros cuadrados de espacio verde por habitante, seguida por Porto Alegre con 13,62, Montevideo con 12,68 y San Pablo con 11,58 metros cuadrados. En ese estudio, que tiene ya 14 años, Rosario aparecía con 10,4 metros cuadrados de espacio verde por habitante.
El conjunto de parques, plazas y espacios verdes de Rosario conforma una red distribuida en distintos puntos del tejido urbano y a lo largo del frente costero del río Paraná. En total, los más de 12 millones de metros cuadrados de áreas verdes públicas incluyen grandes parques urbanos, plazas barriales, paseos ribereños, barrancas, canteros centrales y otros espacios abiertos que forman parte de la infraestructura ambiental de la ciudad.
Claves
Una de las claves para explicar la posición de Rosario en los indicadores de espacios verdes es la continuidad de sus políticas urbanas durante más de tres décadas. Entre 1990 y la actualidad la planificación urbana local siguió una línea relativamente sostenida, centrada en la recuperación del frente costero y la creación de nuevos parques metropolitanos.
Dentro de ese proceso tuvo un papel central la reconversión del frente costero. Desde los años noventa, la ciudad transformó antiguos terrenos portuarios y ferroviarios en parques públicos, una estrategia que permitió abrir amplias superficies al uso ciudadano.
De ese proceso surgieron espacios hoy emblemáticos del paisaje urbano rosarino, como el Parque España, el Parque de las Colectividades, el Parque Scalabrini Ortiz, el parque Sunchales y el Parque de la Arenera. La sucesión de estos espacios generó además un corredor verde continuo a lo largo del río Paraná, una característica poco frecuente en ciudades portuarias del país.
Ese conjunto de intervenciones urbanas explica el crecimiento sostenido del indicador de superficie verde por habitante en la ciudad. Mientras que a comienzos de la década de 1990 Rosario tenía alrededor de 2 metros cuadrados de espacio verde por habitante, para el período 2010-2020 ese valor se ubicó en un rango de entre 11 y 12 metros cuadrados por persona, según distintos relevamientos urbanísticos.
Ese sistema de espacios públicos, construido y ampliado durante las últimas décadas, explica por qué Rosario mantiene indicadores relativamente altos dentro del contexto argentino y un posicionamiento destacado en América Latina.
Plaza de bolsillo
El dato adquiere relevancia en un contexto donde el acceso a espacios abiertos se consolida como un factor clave para la salud, el bienestar y la calidad de vida. En este sentido, para consolidar la red de areas verdes, la planificación local combina la expansión de grandes superficies verdes con espacios de cercanía, como las plazas de Bolsillo en distintos barrios.
«Además de incrementar la superficie disponible, se trabaja en la calidad de esos espacios, su accesibilidad y su integración con el entorno. El objetivo es que cada vecino y vecina pueda apropiarse del espacio público como un ámbito cotidiano de encuentro, recreación y convivencia”, expresó el secretario de Ambiente y Espacio Público, Luciano Marelli.
“Las políticas públicas en materia de espacios verdes constituyen un eje central de los planes estratégicos de la ciudad, con una mirada integral que se ha sostenido a lo largo del tiempo. Durante la gestión de Pablo Javkin, Rosario consolidó su perfil de ciudad verde a partir de una política activa de generación y recuperación de espacios públicos”, remarcó el funcionario.
Desde el inicio de la actual gestión se finalizaron 44 plazas en distintos barrios, mientras que otras 35 se encuentran proyectadas para este año. A esto se suman 12 intervenciones para la transformación urbana de sectores degradados y su posterior conversión en nuevos espacios de uso público, ampliando la superficie verde disponible en zonas donde antes no existía.
En paralelo, el municipio avanza con obras en ocho parques estratégicos que permitirán seguir fortaleciendo la red de espacios verdes a escala urbana. En esta misma línea, esta semana se inauguró la plaza de Bolsillo número 80, una iniciativa que busca generar espacios de cercanía, optimizando pequeños terrenos disponibles para el uso comunitario.
Cuidar el verde
Por su parte, Adrián D’Alessandro, presidente de la Asociación Amigos del Parque Independencia, una ONG dedicada a la protección y el debate del uso del espacio público en toda la ciudad, destacó la necesidad de sostener en el tiempo las políticas públicas que Rosario desarrolló en materia de urbanismo. “Es importante continuar estas obras de infraestructura que generaron nuevos espacios verdes”, señaló.
Al mismo tiempo, advirtió que las intervenciones dentro de los parques actuales deben realizarse con especial cuidado para no reducir las superficies absorbentes. “Hay que ser muy cuidadosos con las plateas de hormigón para juegos o senderos«, marcó.
D’Alessandro planteó también la necesidad de establecer criterios claros para el uso de los grandes parques cuando se realizan actividades complementarias. “Hay que buscar protocolos para que el espacio verde se mantenga íntegro”, explicó.
Al mismo tiempo, remarcó que la ciudad debe seguir buscando oportunidades para sumar nuevas superficies verdes, aun cuando el crecimiento urbano limite el suelo disponible. Para eso, propuso replicar experiencias exitosas de otras ciudades.
La estrategia incluye la incorporación de vegetación en canteros, plazas y rincones urbanos, así como el uso de jardines verticales en estructuras de hormigón. “El cambio es enorme”, describió.
Además del impacto estético, el dirigente subrayó que estas soluciones tienen un efecto ambiental concreto sobre la temperatura urbana. “La masa verde amortigua el efecto térmico del hormigón”, explicó.
Por último, consideró que Rosario todavía tiene margen para avanzar en ese tipo de intervenciones, especialmente en avenidas y bulevares con canteros centrales que podrían incorporar mayor forestación. “Hay espacios que podrían transformarse en sectores con abundancia de plantas, y Rosario todavía tiene mucho para crecer en ese sentido”, concluyó