Los registros oficiales marcaron que enero se marcó un triple récord histórico de producción de petróleo de Argentina, Neuquén y Vaca Muerta, pero a la vez se asiste a medidas de fuerza en el convencional y se ven torres frenadas en la región.
La frase que reza que una foto vale más que mil palabras erra para describir la situación actual del sector petrolero argentino, pues en una suerte de crisol de cuencas, hoy no hay una fotografía que sola que pueda describir la totalidad de un segmento que vive realidades dispares y contrastes de alto tono que analizaremos a continuación.
El año arrancó con una excelente novedad en el sector petrolero, y es que enero cerró con un triple récord histórico en la extracción de petróleo. El mes tuvo el nivel más alto de extracciones de crudo de Argentina, con 872.699 barriles de petróleo por día, fue también el récord histórico de Neuquén, con 610.714 barriles por día, y el propio récord histórico de Vaca Muerta, que pasó la barrera de los 590.000 barriles diarios.
Sin embargo, estos récords podrían verse como una fotografía que contrasta, por un lado, con la crisis que atraviesa el sector del convencional, que en las últimas semanas asistió incluso a medidas de fuerza más allá del paro general de la CGT. Pero por otro lado, también contrasta con el freno que en la misma zona de Vaca Muerta puede verse en algunos equipos y servicios, algo que parece incongruente, pero que no lo es.
En primer lugar, vale explicar que los tres récords de enero responden casi íntegramente al éxito productivo de Vaca Muerta. El shale oil de la formación es el que ha crecido a tasas tan altas que compensó el declino del convencional, y dejó saldos suficientes para llevar al país a su nivel de producción más alto en la historia del sector, que cuenta con más de 100 años.
El convencional, en su propia crisis
Pero este auge se da en paralelo a la crisis del convencional, que no se debe a otra cosa más que a la madurez de sus pozos. Los campos que supieron ser las joyas de la corona del sector hoy ya tienen edad suficiente para ser abuelos, y la producción es lógico que caiga.
La salida no solo de YPF, sino también de otras grandes operadoras del segmento convencional, lo dejó en una situación compleja, en donde las nuevas operadoras deben por un lado reducir al mínimo sus costos para tratar de ser rentables -ya se vio el año pasado la quiebra de una par de firmas- pero esto implica ineludiblemente el recorte de contratos y servicios, y dispara las medidas de fuerza de los gremios.
Pero no solo en el convencional se ven equipos parados. En las mismas tierras de Vaca Muerta son varias las empresas de servicios que no ven las mieles del récord histórico, sino al contrario, el achique de contratos o en el mejor caso un estancamiento de la demanda.
Un récord, con equipos parados en Vaca Muerta
Y esto no se debe a un freno en sí, sino a dos factores que en estos días de verano se observan con más claridad que nunca. Por un lado, la mayor actividad que se espera para atender a la producción que se requerirá para los grandes proyectos exportadores no comenzó aún, pues se está a demasiados meses de la puesta en marcha, en primer lugar del oleoducto de exportación Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que será recién en enero del año que viene.
Pero mientras ese repunte de los trabajos se hace esperar -y más aún el del gas para el GNL- la eficiencia en los trabajos en los campos está haciendo que con menos equipos se puedan dar mayores producciones, y esa es la imagen contradictoria que muchas empresas de servicios observan: un récord productivo pero con menos demanda de trabajo.
Sin embargo, el hecho de alcanzar una mayor eficiencia es un valor más que importante para Vaca Muerta y no solo es un escudo ante los posibles escenarios de precios bajos que se pronostican para este año, sino también, la condición que justifica por qué las empresas finalmente avanzaron hacia los grandes planes exportadores