Los intendentes contra el mundo

Los intendentes contra el mundo

Por primera vez desde que se vienen realizando desdobladas, las elecciones municipales que hasta ahora sólo fueron un mero plebiscito a favor del intendente, ponen frente a frente lo que queda del peronismo mendocino versus el intento del imperio milei-cornejista por apoderarse de hasta lo poco que les va quedando.

Durante la segunda mitad de los años 80 y casi toda la década de los 90, Mendoza fue la Meca del peronismo renovador, como a partir de los inicios del siglo XXI se iría constituyendo (luego de un fallido y esporádico pacto con el kirchnerismo del que velozmente dieron marcha atrás) en lo que hoy es plenamente: la Meca del radicalismo liberal.
José Octavio Bordón fundó el justicialismo mendocino renovador y Alfredo Cornejo el radicalismo mendocino liberal. Ambos tuvieron desde sus orígenes propósitos de proyección nacional, aunque, en ese sentido, la suerte les fue esquiva. A Mendoza siempre se la vio y se la sigue viendo como una provincia que genera experimentos políticos atractivos dentro de una institucionalidad superior al promedio del país, pero su modelo difícilmente puede traspasar los límites de su territorio. Incluso su proyección meramente regional es escasa porque es una isla, un oasis de civilización en el desierto, rodeada por provincias naturalmente tendientes al caudillismo como modo permanente de hacer política. Hasta los líderes mendocinos con más propensión al caudillismo (que los hubo, los hay y los habrá) tienen un porte formalmente más universal que aldeano y su predominio hegemónico dentro de la provincia es bastante más limitado tanto en poderío como en tiempo, que en el resto del vecindario.
Dentro de esa lógica, hoy asistiremos a un experimento novedoso (quizá). Unas simples elecciones de concejales en media docena de municipios, que se vienen repitiendo rutinariamente durante toda la era Cornejo, pueden convertirse en algo más que lo que hasta ahora siempre fueron: la mera revalidación de gestiones de intendentes opositores que separan sus comicios de los provinciales y nacionales para evitar efectos arrastres adversos. Porque esta vez los beneficiarios de los «arrastres» intentan, por primera vez, penetrar en serio dentro de los territorios locales que aún no han ocupado. Las huestes de Alfredo Cornejo y Javier Milei, coyunturalmente aliados (muy coyunturalmente), intentarán demostrar hasta dónde puede llegar el poder de esa alianza.

Intendentes en la era renovadora

Cuando el peronismo renovador mendocino sufrió una profunda división en 1995, mantuvo el gobierno provincial cuatro años más, pero ya nada fue lo mismo. Hasta ese entonces era un partido que se consideraba de proyección nacional a partir de liderazgos provinciales sólidos, quiénes apodaban a sus propios intendentes, de forma un tanto despectiva, como «los territoriales». O sea, meros caudillos locales sin trascendencia fuera de sus municipios. Los tres gobernadores renovadores, Bordón, Gabrielli y Lafalla, nunca ante fueron intendentes. Sin embargo, cuando estos tres líderes provinciales se enfrentaron entre sí, los hasta entonces políticamente subvaluados intendentes se convirtieron en árbitros de la disputa, logrando el triunfo del sector que ellos apoyaron. Desde entonces, con el apoyo inestimable de un gran operador político del peronismo nacional de origen mendocino, Juan Carlos «Chueco» Mazzón, comenzaron a liderar el peronismo mendocino.

La liga de los intendentes

En 1999, intentaron sustituir a la era de los renovadores -ya históricamente agotada- poniendo como candidato a la gobernación, a uno de sus intendentes, pero salieron terceros. Cuatro años después, lo intentaron nuevamente poniendo toda la carne en el asador, que se suponía era abundante. No obstante, los intendentes de Guaymallén y Las Heras, Pardal y Amstutz, quiénes parecían triunfadores cantados por su enorme poderío territorial, no lograron recuperar la gobernación que el radicalismo había ocupado casi casualmente por la crisis de los renovadores y los efectos arrastres nacionales. Recién pudieron ganar la provincia cuando ese radicalismo «casual» se dividió insólita e inesperadamente en 2007 y ahora el efecto arrastre del kirchnerismo pasó a jugar a favor de los peronistas mendocinos, que primero con Celso Jaque y luego con Paco Pérez, regresarían al poder provincial. Sin embargo, en ambos casos, el verdadero líder durante esos ochos años fue el «Chueco», que creó la «liga de los intendentes», como expresión real del poder peronista en la provincia. Ahora bien, esta segunda etapa peronista, no tuvo ni el brillo ni la proyección de la primera y de a poco, el radicalismo, con el liderazgo creciente de Alfredo Cornejo, fue gestando una nueva era política, como en los 80 y los 90 lo hicieron los peronistas renovadores: el radicalismo «liberal», aliado primero con Macri y ahora con Milei, pero con construcción política propia. no derivada ni dependiente de la nacional. Vale decir, no se trató, en esta oportunidad, de gobernaciones motivadas por efectos arrastres como las anteriores (tanto radicales como peronistas) que sucedieron al peronismo renovador.

Intendentes en la era cornejista

El problema fue que esta vez, desde 2015, el peronismo no pudo recuperar más lo que debía haber sido su rol en esta etapa en base a su propia historia: la de irse reconstruyendo en una fuerte oposición provincial que jugara a modo de alternativa de poder real con miras hacia el futuro cercano. Por el contrario, los intendentes que sobrevivieron al aluvión radical se fueron recluyendo cada vez más en sus propios territorios con una lógica crecientemente defensiva. Hasta que llegó esta moda de desdoblar las elecciones municipales para salvar la ropa local sin ya prácticamente intenciones ni posibilidades de reconstruir un proyecto provincial competitivo. El peronismo mendocino se municipalizó culturalmente. Se encerró como un capullo en sí mismo y lo hizo cada vez con mayor intensidad a medida que su participación en las elecciones provinciales le era cada vez más adversa, hasta bajar sus cómputos a límites inimaginables en comparación a su tradición histórica, tanto provincial como nacional.

Pero, como indica la historia, quien en vez de atacar para avanzar se conforma con defenderse para no perder lo poco que tiene. tarde o temprano será atacado por los que quieren quitarle hasta lo escasamente propio que les va quedando. En esta oportunidad, el triunfo estratosférico de la alianza entre Cornejo y Milei en las elecciones de octubre pasado motivó a esta fuerza a intentar ocupar los territorios que aun, siendo cada vez más escasos, permanecen en manos de un peronismo culturalmente municipalizado.

El peronismo municipalizado

Así, en las elecciones de hoy, seis intendentes opositores intentarán demostrar su poderío territorial local. No mucho más que eso. Uno de ellos, el de Luján, se hizo oficialista, con lo cual prevé un triunfo aplastante que no potenciará a su menguada fuerza (el Pro) pero puede poner al intendente Allasino en la grilla de los candidateables para futuras gobernaciones. El otro, el de Rivadavia, sólo será una disputa interna del radicalismo, que ni siquiera, ganando o perdiendo el intendente Mansur, trascenderá de un debate más personalizado que ideológico, aunque tibiamente se disfrace de esto último. Y de las cuatro intendencias peronistas desdobladas, dos (La Paz y Santa Rosa) no son demasiado ambicionadas por las huestes imperiales del milei-cornejismo, mientras que San Rafael y Maipú son los verdaderos rivales. Sólo en esos dos municipios radica la importancia de estos comicios.

Por primera vez, entonces, una mera elección municipal de concejales cuasi plebiscitaria ha devenido una lid política de probables consecuencias mayores, porque de imponerse Stevanato y los Félix en sus territorios de un modo convincente, desde allí seguirá viva la semillita a partir de la cual el peronismo municipalizado pueda alguna vez devenir (cuando decida, o pueda, cambiar su lógica meramente defensiva) lo que históricamente supo ser a nivel provincial: gobierno u oposición, pero siempre de importante y crucial envergadura. Pero si son derrotados por el oficialismo provincial-nacional en sus propias casas, la caída puede llegar a ser definitivamente indetenible, no solo para ellos, sino para todo el peronismo mendocino. Eso es lo que les da un cierto valor agregado y algún suspenso a unas elecciones que -como casi todas en todos lados- no suelen convocar muchas pasiones entre los potenciales votantes, en medio de la creciente indiferencia política.

El imperio contraataca

Lo cierto es que hoy la alianza Cornejo-Milei, ganando o perdiendo en los territorios peronistas, no ganan ni pierden materialmente demasiado nada. Es apenas una apuesta de bajísimo costo político, pero con alta recompensa simbólica en caso de ganar. En cambio, el peronismo se juega todo, o, mejor dicho, lo poco que le va quedando de su vieja grandeza perdida.

Además, también podrá medirse este domingo hasta dónde llega el efecto Milei que arrasó en casi todo el país a infinidad de líderes locales en octubre pasado, sin figurar el presidente en ninguna boleta por tratarse, como hoy, de elecciones solamente legislativas.

En fin, que estas elecciones municipales desdobladas que. hasta ahora, las veces anteriores que se realizaron, fueron mucho más soporíferas e intrascendentes que significativas, porque con ellas no pasó nada ya que los intendentes no compitieron contra nadie, adquieren este domingo algunas características políticamente especiales. Puede claro, de repetirse los resultados anteriores, ocurrir poco y nada, pero de lograr el imperio avanzar, puede ocurrir demasiado. Desde mañana, ya sabiendo lo que dice el diario del lunes, seguiremos analizando.

* El autor es sociólogo y periodista. clarosa@losandes.com.ar

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