La lectura central: hay fundamentos alcistas (transición energética, digitalización y restricciones de oferta), pero también límites evidentes cuando los precios se despegan demasiado rápido del consumo físico.
Los “ganadores” de 2026: cobre, estaño y aluminio
Según la mediana de las estimaciones del sondeo, cobre, estaño y aluminio liderarían las subidas en 2026 con alzas proyectadas de 20%, 16% y 12%, respectivamente, frente a los promedios de 2025.
Los tres metales comparten dos características:
Demanda estructural positiva:
Cobre por electrificación y redes, además del impulso asociado a infraestructura para centros de datos.
Estaño por su rol en soldaduras y electrónica (puente entre hardware y conectividad).
Aluminio por el “light-weighting” y aplicaciones transversales en transporte e industria.
Cuellos de botella por el lado de la oferta:
En cobre, la oferta minera tendría dificultades para seguir el ritmo de la cadena de fundición/refinación.
En estaño, la producción está concentrada y depende de jurisdicciones complejas y volátiles.
En aluminio, China —principal productor— enfrenta un límite regulatorio de capacidad, lo que impulsa una carrera por nueva capacidad fuera del país.
En balances, el sondeo plantea déficits de oferta para cobre y estaño en 2026, mientras que aluminio se perfila hacia un superávit marginal (80 mil toneladas) este año, con posibilidad de pasar a déficit en 2027.
Los “rezagados”: níquel, plomo y zinc
El tono es notablemente más moderado para níquel, plomo y zinc, con aumentos medianos de apenas 4% a 5% en 2026.
Plomo: perdería atractivo relativo por el cambio hacia vehículos eléctricos (menor uso de baterías plomo-ácido) y muestra señales de sobreoferta, reflejadas en inventarios altos.
Zinc: tras sorprender en 2025, el mercado descuenta que una mayor producción minera se traduzca finalmente en más metal refinado en 2026.
Níquel: ha perdido parte de su “halo EV” por el giro hacia químicas de baterías con menor contenido de níquel y por el crecimiento de oferta en Indonesia, que sigue presionando el equilibrio del mercado.
Por qué el rally de enero “no cuadra” con el consenso
El sondeo sirve, además, para aterrizar la euforia de enero. La visión colectiva sugiere que los picos de precios fueron demasiado rápidos y demasiado altos frente a lo que puede absorber la demanda física.
En cobre, incluso la proyección más alta de los analistas (promedio anual) se ubica muy por debajo de los niveles extremos alcanzados durante el “melt-up” de enero. En estaño, ocurre algo similar: los máximos puntuales ya sobrepasaron las estimaciones promedio más optimistas.
El argumento: si los precios se disparan, los fabricantes reaccionan con compra diferida, sustitución de materiales, ahorro de metal o rediseños, porque —a diferencia de activos puramente financieros— estos siguen siendo mercados “anclados” a consumo industrial.
2027: el gran freno
La cautela aumenta de cara a 2027. El sondeo proyecta, en general, un escenario de estabilización o corrección:
Solo plomo mostraría una mejora moderada.
Aluminio, cobre y níquel tenderían a precios planos.
Estaño y zinc apuntarían a caídas frente a 2026.
El mensaje de fondo es una tensión creciente entre la valoración que impulsa el capital especulativo y el valor económico para quienes efectivamente usan los metales para producir. (Reporte Minero)