El documento técnico de 135 páginas detalla cómo una combinación de factores naturales y antrópicos crearon un escenario de alta inestabilidad. La geología del lugar, compuesta por rocas arcillosas, es inherentemente propensa a los deslizamientos. Sin embargo, el detonante principal identificado por los expertos -tal cómo Crónica publicó hace más de 20 años- es la saturación del suelo por acción humana.
A inicios de los 2000, bajo la intendencia de Jorge Aubía, el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) presentó un estudio técnico lapidario, un «Estudio de Peligrosidad Geológica». Los geólogos Pedro Alacará y María Alejandra González fueron claros ante el mandatario local: aclararon que no se trataba de una situación de peligro, pero recomendaron que se impida la instalación de asentamientos de nuevas viviendas y se restrinja el riego en la zona.
El mecanismo del desastre: «Expansión lateral»
Lo que ocurre en el Cerro Hermitte no es un simple derrumbe. Los geólogos identificaron un fenómeno específico y destructivo conocido como «expansión lateral» (lateral spreading). No se trata solo de rocas cayendo, sino de bloques enteros de terreno moviéndose de forma horizontal.
El detonante es el agua. La falta de redes cloacales y pluviales hace que el agua de pozos ciegos y pérdidas de cañerías se infiltre hasta llegar a las rocas arcillosas de la Formación Chenque. Estas arcillas funcionan como una «capa de gelatina»: al mojarse, pierden resistencia y se vuelven resbaladizas.
El peso de las construcciones arriba hace que el terreno se fracture y se «abra» hacia los costados, creando profundas grietas de tensión en la superficie que parten casas y calles. Tal como se ilustra en la siguiente infografía a modo de ejemplo.
Aquel informe, que Crónica publicó en sus portadas con el título «Sismográfica: un barrio en peligro», detallaba que el suelo arcilloso del sector, sumado a la pendiente natural del Cerro Hermitte, creaba una zona de altísima peligrosidad geológica. Se advertía sobre el riesgo de remoción en masa, deslizamientos y la rotura de ductos que podrían provocar explosiones de gas. Incluso se señalaba un antecedente clave: el gran desplazamiento de 1969, que ya había dejado cicatrices en la fisonomía del barrio.

El enemigo silencioso: «Piping» y colapso repentino
Además del movimiento horizontal, el informe alerta sobre un peligro subterráneo invisible: el «Piping» o tubificación. Este fenómeno es una erosión interna causada por el agua que corre bajo la superficie.
Las pérdidas constantes de las redes de agua y cloacas lavan las partículas finas del suelo, creando pequeños túneles o cavernas debajo de las viviendas, especialmente en barrios como Divina Providencia (que hace años sufre la inestabilidad del suelo), construido en parte sobre rellenos artificiales mal compactados. Con el tiempo, estas cavidades crecen hasta que el techo de tierra no puede soportar más el peso de la casa, provocando un colapso repentino y vertical del terreno.

Las medidas urgentes recomendadas por el SEGEMAR
Ante este panorama, el organismo nacional emitió una serie de recomendaciones técnicas que, señala, deben ser implementadas con carácter de urgencia para mitigar el riesgo y proteger a la población:
-Plan integral de drenaje: La medida más crítica es la ejecución de un plan maestro de drenaje que incluya la construcción de redes cloacales y pluviales en toda la zona afectada. El objetivo es eliminar la infiltración de agua al subsuelo, que es el principal motor de los deslizamientos.
-Control de pérdidas de agua: Se debe realizar un relevamiento y reparación inmediata de todas las pérdidas en las redes de distribución de agua potable, así como la eliminación de pozos ciegos y cámaras sépticas que no estén conectadas a una red cloacal.
-Monitoreo permanente: Establecer un sistema de monitoreo continuo de los movimientos del terreno mediante la instalación de instrumental geotécnico (inclinómetros, piezómetros) para detectar cualquier aceleración en los desplazamientos y emitir alertas tempranas.
-Restricción de nuevas construcciones: Se recomienda una prohibición total de nuevas edificaciones y movimientos de suelo en las áreas identificadas como de «Muy Alta Peligrosidad» hasta que se hayan implementado las medidas de estabilización.
-Evaluación de relocalización: Para las viviendas ubicadas en las zonas de mayor riesgo inminente, donde las obras de estabilización podrían no ser suficientes o viables a corto plazo, el SEGEMAR sugiere evaluar la relocalización de los habitantes.
El nuevo informe concluye que la inacción podría derivar en la reactivación de grandes deslizamientos, con consecuencias potencialmente catastróficas para la infraestructura y la seguridad de los residentes. La implementación de estas recomendaciones no es opcional, sino una necesidad imperiosa para gestionar el riesgo geológico en uno de los sectores más vulnerables de Comodoro Rivadavia. Las medidas correctivas son una carrera contra el tiempo y la naturaleza.
Informe redactado a partir del documento oficial «PELIGROSIDAD GEOLÓGICA DEL
EJIDO URBANO DE COMODORO», confeccionado por SEGEMAR junto a profesionales de la UNPSJB bajo supervisión de Alejandro Emmanuel Celli y Adriana Beatriz Balbi