La minería como disparador de infraestructura, pero también futuro sostenible

La minería como disparador de infraestructura, pero también futuro sostenible

Esa mirada no solo es injusta: hoy empieza a ser obsoleta.
La discusión sobre el uso de agua de mar en minería abre una puerta que va mucho más allá de la actividad extractiva. Abre una pregunta incómoda y necesaria:
¿y si la minería fuera el disparador de una infraestructura capaz de cambiar la lógica productiva, poblacional y ambiental de la Patagonia central?
Agua, energía y territorio: el triángulo que redefine el mapa
Hablar de desalinización suele reducirse a una ecuación técnica o económica. Costos, kilómetros de ductos, consumo energético. Pero en territorios como la Patagonia, el agua no es solo un insumo: es un ordenador del territorio.
Una planta desalinizadora pensada exclusivamente para una mina es un gasto.
Una planta diseñada como infraestructura multipropósito es otra cosa.
La misma instalación que abastece a un proyecto minero puede —con planificación—:
-Proveer agua potable a comunidades cercanas.
-Sostener nuevos asentamientos humanos.
-Permitir riego localizado para mejorar la productividad agroganadera.
-Generar corredores verdes donde hoy solo hay estepa degradada.
No se trata de convertir el desierto en un oasis artificial ni de repetir errores de otras regiones. Se trata de introducir agua de manera inteligente, donde hoy la falta de infraestructura condena al estancamiento.
Minería y licencia social: una discusión que necesita otro eje
Gran parte del rechazo social a la minería nace de una percepción clara: la riqueza se va, los impactos quedan.
Ahora bien, ¿qué pasa si el proyecto minero deja:
-agua,
-energía,
-caminos,
-poblaciones,
-producción local,
-arraigo?
La discusión cambia.
No desaparecen los conflictos —nunca lo hacen—, pero se reconfigura el sentido del proyecto.
La minería deja de ser un enclave aislado y pasa a ser el motor inicial de un sistema más amplio, donde otros sectores también ganan. Y eso, en términos de licencia social, es un punto de inflexión.
Patagonia central: ¿territorio vacío o territorio postergado?
El Macizo del Deseado y la Patagonia central no están vacíos. Están infraestructuralmente abandonados.
Poca agua, poca energía confiable, poca conectividad. No por falta de recursos, sino por falta de visión.
Pensar en plantas desalinizadoras asociadas a energía eólica —un recurso abundante y subutilizado en la región— permite imaginar algo distinto: infraestructura que no dependa únicamente de la vida útil de una mina, sino que quede como base para el desarrollo futuro.
Esto abre una idea que en Argentina suele esquivarse:
la fundación de nuevos asentamientos planificados, pensados para producir, vivir y quedarse.
¡No! Ciudades gigantes.
¡No! urbanizaciones improvisadas.
Sino núcleos productivos vinculados a agua, energía y trabajo real.
Mirar al mundo: cuando el desierto deja de ser destino
Mientras en Argentina todavía discutimos si el desierto puede albergar desarrollo, China ya está experimentando algo más audaz: desiertos que empiezan a transformarse gracias a la combinación de energía solar, captura de humedad y agua disponible.
En algunas regiones áridas, los paneles solares no solo generan electricidad:
condensan humedad, modifican microclimas, permiten vegetación, fijan suelo y atraen población.
No es magia.
Es planificación de largo plazo.
El punto no es copiar modelos. El punto es entender el mensaje:
el clima y el territorio no son una condena inmutable cuando hay tecnología, energía y decisión política.
¿Utopía o posibilidad real?
¿Es caro desalinizar agua y llevarla cientos de kilómetros tierra adentro?
Sí.
¿Es más caro que seguir teniendo territorios vacíos, improductivos y dependientes de subsidios?
Probablemente no.
La Patagonia central tiene tres activos estratégicos:
-Territorio disponible.
-Energía renovable de escala mundial.
-Recursos minerales capaces de financiar infraestructura.
Lo que falta no es tecnología.
Es pensar la minería como punto de partida, no como actividad terminal.
Un cambio de narrativa necesario
Argentina necesita dejar de pensar a la Patagonia central como:
un problema,
un vacío,
un costo.
Y empezar a verla como:
una oportunidad de ordenamiento territorial,
una plataforma de desarrollo descentralizado,
un espacio donde agua, energía y producción puedan convivir.
La minería puede ser parte de ese cambio si deja de pensarse sola, encerrada en su propio perímetro, y se integra a una visión más amplia.
No para “verdear” su imagen.
Sino para construir algo que hoy no existe.
Pensar a 30 años, no al próximo balance
El verdadero debate no es si una planta desalinizadora encarece un proyecto minero.
El debate es si estamos dispuestos a usar esa inversión para romper una inercia histórica: la de una Patagonia rica en recursos pero pobre en infraestructura y población.
Tal vez, el desafío no sea llevar agua al desierto.
Tal vez, el desafío sea atreverse a imaginar que el desierto puede ser algo más.
Y en esa imaginación, la minería —bien pensada, bien regulada y bien integrada— puede dejar de ser el problema para empezar a ser parte de la solución. (El Pregón Minero)

 El Pregon Minero

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