Minería y energía: el “motor silencioso” que sostiene la actividad mientras la industria duda

Minería y energía: el “motor silencioso” que sostiene la actividad mientras la industria duda
Mientras la industria manufacturera discute si 2025 fue un rebote o apenas un espejismo, la minería —en su versión ampliada, que incluye hidrocarburos— volvió a cumplir un papel conocido en la Argentina: amortiguar el ciclo. En noviembre, el Índice de Producción Industrial Minero (IPI minero) registró una suba de 1,8% interanual y acumuló +3,2% entre enero y noviembre.
No es un dato aislado. En una nota reciente, Mercado describió una economía que “modera su caída” pero no encuentra un motor claro de crecimiento, con consumo y construcción todavía frágiles y una industria que no logra afirmarse. En ese cuadro, el sector energético-minero aparece como sostén parcial del nivel de producción. 

La foto del IPI minero confirma esa intuición: crece el agregado, pero no por igual. Hay dos Argentinas productivas adentro del mismo índice.

El empuje: petróleo y no metalíferos

El primer impulso llega desde el petróleo. En noviembre, la extracción de petróleo crudo aumentó 12,8% interanual y acumuló +12,9% en el año.  Es una cifra que dialoga con el clima exportador que Mercado viene siguiendo: el desempeño de Vaca Muerta, el cambio en el mapa energético y su efecto sobre el frente externo. 

El segundo impulso viene desde los minerales no metalíferos y rocas de aplicación, que subieron 9,5% interanual y acumularon +6,8% en enero-noviembre.  Dentro de ese universo aparece la minería “de transición”: químicos, sal, arenas, insumos industriales.

Ahí hay un dato que explica mucho del tono del mes: la extracción de minerales para la fabricación de productos químicos creció 30,3% interanual y acumula +40,6%. 

Litio: volumen alto y señal política

Si se busca un símbolo, el litio se lleva la primera línea. El informe del INDEC detalla que en noviembre se beneficiaron 11.244,3 toneladas de carbonato de litio, con una suba de 66,4% interanual, y un acumulado de +61,4% en lo que va de 2025. 

En términos productivos, es una señal fuerte. En términos políticos, también: el litio funciona como una promesa de divisas y de inversión que atraviesa gobiernos, relatos y modelos. La pregunta relevante ya no es si el litio “está”, sino cuánto de esa expansión se transforma en cadena de valor local, infraestructura, proveedores y estabilidad regulatoria.

La contracara: metalíferos en retroceso

El otro lado del índice es menos amable. La extracción de minerales metalíferos cayó 21,2% interanual en noviembre y acumula -5,5% en enero-noviembre.  En particular, “bullón dorado/doré” muestra una baja interanual marcada. 

Esto importa por dos razones.

Primero, porque rompe la idea de “minería” como bloque homogéneo. En el mismo mes, el país acelera litio y petróleo, pero frena metalíferos.

Segundo, porque vuelve a exponer una fragilidad clásica: cuando el impulso depende de pocos complejos, la macro queda atada a shocks sectoriales (precios, logística, conflictos, permisos, inversiones que se demoran). Y el índice lo registra sin eufemismos.

Gas y servicios: la letra chica que también pesa

En hidrocarburos, el saldo no es plenamente expansivo. En noviembre, el gas natural cayó 3,9% interanual, aunque el acumulado del año todavía muestra +1,3%.  Y los servicios de apoyo para la extracción retrocedieron 16,0% interanual (con -13,7% acumulado). 

Es un recordatorio útil: incluso cuando el petróleo tracciona, la cadena completa no avanza a la misma velocidad. Y esa asimetría suele anticipar tensiones de inversión, costos, equipos, capacidad operativa.

El puente con la industria: rebote, pero no “normalidad”

Acá es donde el IPI minero se cruza con el debate que Mercado abrió sobre la industria manufacturera: caída fuerte en 2024 y una recuperación parcial en 2025, todavía insuficiente para volver al nivel previo. 

El punto de contacto no es técnico: es macroeconómico.

Cuando la industria no toma ritmo, el país se apoya más en lo que exporta con facilidad relativa (energía, complejos primarios, algunos nichos). Eso mejora el frente externo y alivia la restricción de divisas, pero no necesariamente recompone empleo, salarios reales y mercado interno al mismo tiempo. Es una “salida” que ordena variables, aunque no siempre enciende el crecimiento.

El IPI minero de noviembre muestra exactamente esa geometría: un sector que empuja el promedio —petróleo y químicos, litio y sal— y otro que tira hacia abajo —metalíferos—, con un resto que se mueve por debajo de los titulares.

Lo que deja noviembre: tres conclusiones

  1. La minería/energía vuelve a ser colchón: el nivel general crece aun cuando otros sectores siguen con tracción irregular.  
  2. El mapa productivo se reordena: litio y químicos se consolidan como protagonistas del tramo no metalífero; petróleo sostiene la base.      
  3. La divergencia interna es el dato: el retroceso metalífero convive con récords del litio; la misma palabra “minería” oculta realidades distintas.  

Noviembre no anuncia un boom. Anuncia algo más argentino y más estructural: un país que se sostiene por lo que extrae y exporta, mientras todavía busca cómo convertir ese sostén en crecimiento amplio, empleo y productividad. La historia, por ahora, sigue abierta.

mercado.com.ar

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