Santa Cruz, además de ser el principal complejo exportador del pais, es una de las provincias argentinas con mayor actividad exploratoria y potencial para proyectos mineros de escala. Su geología ha atraído inversión nacional e internacional, generando una cartera amplia de proyectos en distintas etapas de avance, muchos de ellos con perspectivas reales de transformarse en operaciones productivas. La vida de una mina, desde el descubrimiento inicial hasta el cierre y restauración del sitio, es un ciclo largo, técnicamente exigente y regulado, que puede extenderse por décadas y que aquí se describe de forma objetiva para entender cómo estos proyectos evolucionan en la provincia.
Por: Extremo Minero
Todo comienza con la exploración mineral, que en Santa Cruz se intensifica desde hace años en áreas como el macizo del Deseado y otras zonas con antecedentes de mineralización. La exploración no parte de cero: se basa en mapas geológicos, estudios previos y campañas sistemáticas de muestreo geoquímico. En esta etapa, las empresas buscan indicios de anomalías minerales que justifiquen inversiones mayores. Siguiendo metodologías geofísicas y geoquímicas extendidas a nivel global, los equipos técnicos evalúan zonas prospectivas donde pueda existir concentración económica de minerales como oro, plata y otros metales de interés.

Si los primeros resultados son prometedores, el proyecto avanza a perforaciones exploratorias más profundas y detalladas, combinadas con análisis metalúrgicos y modelamiento geológico en tres dimensiones. Aquí se empieza a definir un recurso mineral dentro del marco de estándares técnicos como JORC o NI 43-101, lo que permite clasificarlo en categorías de mayor o menor confianza geológica. La historia de Santa Cruz demuestra que muchos proyectos alcanzan esta fase gracias a décadas de datos acumulados y avances tecnológicos en exploración, reduciendo significativamente el riesgo geológico.

Una vez que se cuenta con un recurso mineral cuantificado y geológicamente modelado, el siguiente paso es evaluar su viabilidad económica y técnica. En esta instancia se realizan estudios de pre-factibilidad y factibilidad que incluyen análisis de costos de capital y operación, definición de métodos de extracción (cielo abierto o subterráneo), diseño de plantas de procesamiento, logística de transporte y estimación de recuperación metalúrgica. En la provincia, esta fase es central para atraer financiamiento, ya que determina si un proyecto exploratorio puede convertirse en una operación sostenible y rentable. Solamente cuando los estudios de factibilidad son sólidos y las cifras son favorables, se definen las reservas mineras que respaldan una decisión de construcción.

Con estudios aprobados y compromisos financieros asegurados, la empresa inicia la construcción de la mina y de su infraestructura asociada. En Santa Cruz, donde la mayoría de los proyectos están en regiones remotas o con condiciones climáticas exigentes, esta etapa implica desarrollar accesos viales, campamentos para trabajadores, instalaciones de proceso, sistemas de manejo de residuos, y conexiones eléctricas y de agua. La logística provincial, la disponibilidad de servicios y la planificación ambiental juegan un papel determinante en esta fase, que puede extenderse varios años antes de alcanzar la producción comercial.
Que viene después?
Al producirse el arranque, comienza la operación minera, que es la fase más prolongada del ciclo de vida y durante la cual se extrae y procesa material de forma continua. En Santa Cruz, los proyectos con mayor avance aplican tecnologías de beneficio mineral adaptadas a sus características geológicas y ambientales. Durante la operación, las empresas implementan programas de monitoreo ambiental, gestión de residuos, seguridad y salud ocupacional, así como planes de relacionamiento con las comunidades locales. Además, muchas operaciones mantienen actividades de exploración “brownfield” dentro de sus concesiones con el objetivo de identificar nuevas zonas mineralizadas que permitan extender la vida útil de la mina. Este enfoque ha mostrado resultados positivos en varios emprendimientos santacruceños, ya que extender la vida de la operación puede aumentar considerablemente el retorno social y económico de la inversión.
El ciclo de una mina concluye con el cierre y el post-cierre, etapas que en Argentina están reguladas con criterios técnicos y ambientales estrictos. Desde los estudios iniciales, cada proyecto debe contar con un plan de cierre que contemple la disposición final de instalaciones, la rehabilitación de botaderos y caminos, la revegetación de suelos y el establecimiento de condiciones que permitan estabilidad ambiental a largo plazo. En Santa Cruz, la normativa exige garantías financieras que aseguren estos trabajos incluso si la operación termina antes de lo previsto, lo que protege al ambiente y a las comunidades vecinas.
Pero de estas etapas hablaremos en otras publicaciones con mayor detalle, a modo de que puedan comprenderse mejor los distintos aspectos y momentos que cada uno prevé.
Este recorrido desde la exploración hasta el cierre toma tiempo y recursos, y refleja por qué muchos proyectos en la provincia no se convierten de inmediato en minas productivas. De cada centenar de iniciativas exploratorias, solo un porcentaje reducido llega a factibilidad y operación, lo que subraya la necesidad permanente de inversión en exploración responsable y gestión técnica de alta calidad. Sin embargo, la concentración de proyectos avanzados en Santa Cruz y la estabilidad de marcos técnicos y regulatorios han permitido que varios de ellos se encuentren en la antesala de convertirse en minas que aporten empleo, divisas y desarrollo regional, siempre enmarcados en criterios de transparencia, sostenibilidad y cumplimiento de normas