Un geólogo australiano analiza en el medio canadiense por qué el país es hoy el lugar con mayor probabilidad de un descubrimiento minero de clase mundial, gracias a la misma geología que hizo potencia a su vecino y al cambio de clima político.
Edu Gajardo
La comunidad minera global posa su mirada sobre Argentina. Una columna de opinión en el medio especializado canadiense The Northern Miner, firmada por el geólogo e inversor australiano James Cooper, ha generado gran interés al señalar al país como la región con la «más alta probabilidad para un nuevo descubrimiento de clase mundial». El columnista va más allá, afirmando que, para los geólogos, Argentina es el Chile de hace 50 o 60 años.
El análisis contrasta la situación argentina con la de otras potencias mineras consolidadas. Cooper argumenta que países como Australia y Canadá, si bien han tenido entornos de apoyo a la minería y mano de obra calificada, han perdido su potencial de «descubrimiento gigante» debido a décadas de intensa exploración. En cambio, Argentina representa una «vasta zona virgen sin explotar de potencial geológico».
La geología ignora las fronteras: la clave del potencial cuprífero
La tesis central se basa en la geología y la cercanía con el mayor productor de cobre del mundo. El geólogo australiano explica que el mismo sistema geológico, conocido como el «cinturón de pórfidos de cobre de Sudamérica», que alberga gigantes depósitos de pórfidos de cobre-oro en Chile, cruza directamente hacia el territorio argentino.
Mientras Chile ha capitalizado esta realidad, transformando sus vastas reservas de cobre en el motor de su economía durante décadas, la producción de cobre de Argentina ha pasado de ser modesta a ser «prácticamente nula». El columnista es enfático: la falta de explotación cuprífera no tiene origen geológico, sino político.
«La cosa crítica a entender aquí es que el mismo sistema geológico que alberga gigantes depósitos de pórfidos de cobre-oro en Chile cruza a Argentina. Sin embargo, solo un país ha aprovechado este potencial en las últimas décadas».
Estabilidad política y oleada de inversión minera
El factor que ha mantenido inexplorado este potencial es, según el análisis, la falta de estabilidad política. Cooper señala que los megaproyectos mineros requieren de hasta 20 años para su desarrollo y se mantienen en producción por décadas, haciendo que la estabilidad política sea esencial.
Esta barrera se está disipando con la «oleada de reformas» impulsada por la nueva administración del presidente Javier Milei. El columnista destaca que, a pesar de las medidas de austeridad, la inflación ha caído, los bonos se han recuperado y el índice de riesgo país se encuentra en su punto más bajo en cinco años, indicando una mejora en el clima de negocios.
Esta nueva apertura ha tenido un impacto inmediato:
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BHP, la minera más grande del mundo, anunció una toma de control multimillonaria de Filo Mining.
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Glencore evalúa dos desarrollos de cobre significativos que requerirían alrededor de US$13.500 millones en inversiones.
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Otras grandes compañías como Barrick, Lundin Mining y Rio Tinto están estableciendo o fortaleciendo su presencia en el país.
La conclusión del artículo es optimista: cuando las técnicas modernas de exploración se utilizan en terrenos apenas explorados, ocurren «descubrimientos importantes». La visión del especialista es clara: Argentina tiene la oportunidad de sumarse a la carrera global del cobre aprovechando el mismo recurso que hizo de Chile una potencia minera