Más allá de su capacidad para generar divisas e ingresos fiscales, el impacto de la minería en el desarrollo local ha sido objeto de numerosas investigaciones que destacan su potencial transformador en el bienestar de las comunidades.
Desde el inicio y durante todo el ciclo de vida de un proyecto, la minería genera una amplia variedad de demandas, entre ellas: servicios, oficios, insumos, equipos y obras de infraestructura. Estas necesidades no sólo movilizan la economía local, sino que también crean nuevas oportunidades para proveedores, trabajadores y emprendedores de la zona.
La infraestructura minera es clave en este proceso. Mejorar caminos, redes eléctricas y sistemas logísticos no sólo permite un funcionamiento más eficiente de las operaciones, sino que también mejora la calidad de vida de comunidades que usualmente están alejadas de los grandes centros urbanos. Estos beneficios pueden abarcar desde el acceso a servicios básicos hasta mayores posibilidades de conectividad y transporte. Un ejemplo concreto puede verse en el informe elaborado por la Secretaría de Minería, que detalla los requerimientos de infraestructura necesarios para el desarrollo de la minería metalífera y de litio en Argentina, en el marco de proyectos que desde 2020 han anunciado inversiones por más de 20.000 millones de dólares. Quienes deseen conocer más pueden consultar el informe completo aquí.
Otro ejemplo de generación de infraestructura es el proyecto “Caminos Productivos”, un plan de obra vial que contempla la construcción y el mantenimiento de 460 kilómetros en el sur mendocino. Con maquinaria provista por Impulsa Mendoza y equipos de la Dirección Provincial de Vialidad, se busca potenciar actividades económicas clave, como la minería, el turismo y la ganadería, y a la vez mejorar la conectividad y accesibilidad de los puestos de invernada en la región de Malargüe.
A nivel de recurso humano, detrás de cada proyecto minero -y según la etapa de desarrollo en que se encuentre- se despliega una red de trabajo compleja y diversa que involucra técnicos, profesionales, operarios y personal de soporte. Esta demanda representa una oportunidad concreta para fortalecer el empleo calificado a nivel local, al tiempo que estimula la formación en competencias clave.
Además, muchas empresas del sector minero implementan programas específicos para fortalecer los vínculos con proveedores locales. Entre estas iniciativas se incluye segmentación de licitaciones para facilitar la participación de Pymes, trabajo conjunto con incubadoras de empresas, alianzas entre grandes proveedores y talleres regionales, entre otros.
Desde Impulsa Mendoza, se creó Impulsando el Financiamiento, una propuesta dirigida a proveedores mineros y público en general que facilita el acceso a información esencial sobre dinámicas de mercado, estrategias de financiamiento y beneficios de inversiones transparentes para el desarrollo minero.
A nivel sistémico, la cadena de valor minera involucra a una amplia variedad de actores: pymes y grandes empresas proveedoras, universidades, institutos de formación técnica, centros de I+D+i, organismos de gobierno y la sociedad civil.
Todos ellos cumplen un rol fundamental en el desarrollo de capacidades locales, la innovación en procesos y tecnologías, y la promoción de una minería moderna y sostenible.
En definitiva, la actividad minera puede convertirse en un verdadero motor de desarrollo regional, con impacto positivo, duradero e inclusivo para las comunidades