Desde las primeras vetas de plata en Uspallata hasta los sueños actuales de desarrollo, la minería marcó el pulso oculto de Mendoza.
La riqueza que dio sentido a la conquista
La historia de la conquista de Cuyo no puede entenderse sin la codicia de los metales. Mientras en México, Perú y Bolivia se explotaban fabulosas minas, los conquistadores del sur seguían buscando su propio Potosí. Mendoza se fundó no solo por su posición geográfica, sino porque ofrecía una oportunidad económica concreta: el trabajo indígena y la posibilidad de encontrar riqueza bajo sus cerros.
La minería como origen de progreso
Durante el Virreinato del Río de la Plata, nuestra provincia fue incorporada a la Gobernación de Córdoba, y el empuje minero tuvo un nuevo impulso gracias al marqués de Sobremonte. En esa época, Francisco Serra Canals solicitó explotar la Mina Grande en Uspallata y propuso fundar una ciudad minera en el lugar. Su entusiasmo fue tan contagioso que Sobremonte, por entonces gobernador de Córdoba, informó al virrey sobre “la multitud de minas de plata, oro, cobre y plomo” que rodeaban el valle de Uspallata.
Sin embargo, las condiciones eran adversas: faltaba azogue, operarios capacitados y medios de transporte. Aun así, se excavaron miles de metros de galerías con herramientas rudimentarias y a pura fuerza de voluntad. La plata que salía del Paramillo fue enviada a Potosí, donde su pureza quedó comprobada. Incluso se proyectó la creación de un banco de rescate para facilitar las operaciones de los mineros.
Juan Fernando Juan, cuyo trabajo seguimos en este texto, señala que en “1777 se intentó reactivar el yacimiento con mano de obra de indios de mita y hasta se sugirió emplear delincuentes comunes, además de habilitar cajas para cambiar el metal por dinero”, pero a fines del siglo XVIII la empresa entró en decadencia, principalmente por falta de mano de obra.
Una oportunidad que sigue latiendo
La historia demuestra que la minería no fue una actividad marginal en Mendoza: fue el primer intento concreto de desarrollo económico sustentado en sus recursos naturales.
Hoy, siglos más tarde, esa promesa sigue viva. La minería puede y debe ocupar un rol estratégico en la matriz productiva de la provincia. Lejos de ser una amenaza, bien planificada y controlada, puede ser la llave para generar empleo genuino, divisas y progreso en zonas postergadas del interior provincial.
Mendoza tiene historia minera, geología minera, tradición minera y —sobre todo— potencial minero. No es solo un recuerdo del pasado, sino una oportunidad latente
