Mendoza. ¿Qué hay en los iPhones de los políticos mendocinos? El factor Arrieta, estatismo inútil y empresariolotudos

Mendoza. ¿Qué hay en los iPhones de los políticos mendocinos? El factor Arrieta, estatismo inútil y empresariolotudos

Caramba, cuánto miedo a un «primavera antimachirulaje y corrupción». Además, perlitas y curiosidades de la política mendocina.

Gabriel Conte    Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

El gobierno mendocino, a través de sus dos gobernadores, el de la Provincia y el del Agua, Alfredo Cornejo y Sergio Marinelli, respectivamente, no coinciden en torno a su el futuro Código de Aguas -que está en pleno proceso de intercambio de ideas- tenga que salir por ley y si tiene que suceder ya, antes del recambio legislativo del año que viene, o cómo hará para imponerse.

Lo que sí Mendoza debe saber es que se está dando una discusión fundamental, esas que siempre se reclaman cuando se ve a legisladores solamente declarando «de interés provincial» todo lo que les piden, sin valorarlos sino cumpliendo demagógicamente con los pedidos de su clientela electoral.

En el proceso hay opiniones encontradas, tanto de sectores que hoy utilizan el agua para el riego agrícola, que proclaman la necesidad de que todo siga igual, por más que se prevea que ya en 2030 habrá un 50% menos de agua disponible, y también los mineros, que como hoy lo opina en Memo una columna del geólogo Eddy Lavandaio, reclama más participación para más desarrollo, y no quedar relegado como tercera opción, con prioridades en orden de mérito- para el consumo humano, el agrícola y finalmente el minero.

El debate es interesante y todo el mundo puede leer los documentos disparadores y acercar su punto de vista, aunque no se nota una vocación de que los que se oponen lo hagan orgánicamente, sino que siguen prefiriendo ir por la tangente y buscando prensa o impacto por fuera del canal habilitado, que se encuentra justo haciendo clic aquí.

Más capitalismo que despabile a la economía y menos paternalismo sospechoso

Hay en el tema minero una gran discusión aun entre sectores que están de acuerdo con el desarrollo de la minería en Mendoza, como forma de aprovechar recursos y mejorar los ingresos de todos: Estado y personas.

Hay un punto de giro para hablar del asunto y es, por ejemplo, San Juan. Es cierto que Mendoza tiene una economía mucho más diversificada que la de los vecinos del norte, inclusive que la de los del sur, en Neuquén. Ambas, dependen mucho de una sola cosa y cuando a esa «cosa» le va mal, todo sucumbe.

Pero en Mendoza hay empresariolotudos a los que les encanta que el Estado sea el que disponga, dictamine, organice, opine, se involucre, condicione y -por supuesto- les dé una tajada a ellos, solo por jugar siempre como apéndices de todo lo estatal, aunque se autoperciban a sí mismos «desarrollistas» y hasta «liberales».

¿Por qué nunca volvieron los australianos que prometían extraer oro sin usar cianuro?

El asunto es que el ejemplo citado, San Juan, lleva 25 años de anticipación a Mendoza, que se entregó a la mitomanía de gitones que fracasan ante el electorado, y ganan en las redes sociales y medios de comunicación irresponsables que buscan el clic fácil.

En San Juan la gran ventaja es que un inversor lo único que tiene que hacer es ver si la legislación sirve para desarrollar su negocio o no. No tiene que reunirse con nadie en el Estado. Mucho menos desojar como una margarita a la Legislatura a ver si lo quieren, no lo quieren, lo quieren, no lo quieren. En Mendoza una ley hecha por miedo al cuco y a las apuradas, sobre el capó de un auto, por políticos espantados por poder perder su posición, como es la 7722, hace que no sirva para mucho y que trabe demasiado. No prohíbe taxativamente todo lo que quería prohibir, pero pone escollos insólitos, como que sea la Legislatura con la voluntad (o no) sus integrantes de por medio, quien otorgue un permiso de impacto ambiental… Y ya sabemos para qué se presta y cuánto pueden saber de un tema tan específico y complejo que, por cierto, no deberia ser de su competencia y que más que ayudar a dar garantías, lo que hace es frenarlo todo. En beneficio de los legisladores y la política, por supuesto, y en detrimento del ejercicio del capitalismo.

Cuando la sociedad comprenda que se equivoca en creerles a los profetas de los apocalipsis, se golpeará el pecho y debería reclamarles a los protagonistas del fracaso minero todo lo que no pudieron conseguir en su plan de vida por el intervencionismo extremo de la política en los asuntos del sector privado.

¿Los políticos quieren tomar decisiones empresarias solo por haber entrado en una lista de candidatos quien sabe cómo y por palanca de quiénes?

Eso es un absurdo incomprensible, que algún día en el futuro le pasará factura a toda esta época, en una situación tal vez análoga a lo que sucede ahora con Alberto Fernández. El decadente expresidente llegó a tener más de 80% de apoyo de la gente en las encuestas en la pandemia… y ahora vemos lo que era y es.

¿Quiénes podrían tener miedo a que les incauten el celular en Mendoza?

Siempre hay rumores en torno al comportamiento en privado de políticos sobre temas que no son tan privados, como el caso de golpear a una mujer, someterla, meterle miedos o mantenerla a raya, bajo su mando.

No es para menos que muchos políticos estén asustados ante la posibilidad de que el aberrante caso de Alberto Fernández abra una «primavera judicial» para encontrar machiruladas y corrupciones con solo acceder a chats y fotos de los videos de los sospechosos. Claro: antes algún fiscal debería abrir una investigación y tener la libertad para hacerlo.

¿Alguien conoce en Mendoza algún político con temor a que esto ocurra?

El caso de Fernández es sintomático y muy diferente al de sus antecesores presidentes, ya que sucede en medio de la irrupción de la comunicación instantánea, el imperio de las redes sociales y la ultrapresencia de los celulares. Eso tiempos atrás, aun en los más recientes mandatarios, no parecía tan dinámico.

Y hay que sumarle las características personales del sujeto, a quien se lo investiga por haber pasado su período presidencial a los tumbos (cual Tandarica -¿lo recuerdan?- de la política) y haciendo o pidiendo favorcitos gracias a que ocupaba el Sillón de Rivadavia, desde la sospecha investigada de favorecer a una red de brokers de seguros, pasando por conseguirles a sus compañeros peronistas turnos por zurda para vacunarse contra el covid y salvar sus vidas mientras decenas de miles morían, hasta pedirle a chicas que le digan «alguna cosa bonita», alcohol de por medio en pleno despacho presidencial.

Esta versión extra de «La Picada» viene a advertir sobre el pánico que ha detectado en algunos personajes de la política mendocina, a quienes el éxito de permanecer les había dibujado una sonrisa, pero que ahora parece haberles inclinado el gesto hacia la preocupación. Es que lo que borren ahora de sus iPhones último modelo, cuya cuenta paga el Estado, puede ser recuperado por la Justicia en caso de que vayan a investigación.

De allí que lo más saludable sería no golpear y no robar: aunque no hagan videos como Fernández en su despacho con las chicas que recibía, hay conversaciones, documentos, operaciones lanzadas desde allí, intrigas sembradas, amenazas cumplidas/incumplidas, calificativos a troche y moche sobre tales o cuales personas, etc.

Es como el tema de la gordura y la dieta: no vale tomarse una pastillita y seguir comiendo, hay que cerrar la boca, además.

El impacto de lo que está pasando con Alberto Fernández es calificado en algunos encuentros de políticos con una analogía a la «primavera árabe», cuando las redes generaron revueltas que obligaron a flexibilizar en las naciones de oriente su autoritarismo. O a lo que pasó en Venezuela, en donde su dictadura ha tenido que prohibir whatsapp y Twitter/X para no caer más rápidamente de como viene sucediendo.

¡No es para menos entrar en pánico! El asunto es que los dientes chirrian de temor, pero nadie da nombres. En lugar de señalar con el dedo, en forma certera, solo hacen miradas de reojo. Los más valiente, se animan solamente a hacer un además con sus cabezas en dirección a algún símbolo o lugar que de alguna somera idea de identidades.

Pero el tiempo es el gran redentor. Muchos dicen en privado, por ejemplo, que «habrá que esperar a que termine este gobierno para saber qué tropelías hizo en privado con lo público». Otro runrún que se escuchó cerca de quienes disputan la representación de La Libertad Avanza, en donde ya hay peleas irreconciliables es «¿y qué pasaría si en la investigación sobre el comportamiento de Lourdes Arrieta también le revisarán su teléfono o el de su clan familiar?».

La tensión está entre la esperanza y el miedo. Y eso genera la energía que se percibe en el aire de la política en Mendoza. ¡Otra que Portezuelo del Viento si se pudiera transformar en electricidad!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *