Tras años sin producción, la provincia vuelve a escena con este mineral, impulsado por la transición energética, con nuevas iniciativas de exploración minera.
Cambio de paradigma
Pensado recordó que Huemul empezó a producir uranio a principios de los ’50 y terminó en 1975, luego de que comenzara la operación de Sierra Pintada, que representó el cambio de la pequeña minería a una de escala. También cerraron Agua Botada, que se encontraba al lado de Huemul, y varias otras minas en distintas partes del país, ya que la Comisión Nacional de Energía Atómica decidió enfocarse en una producción de mayor volumen.
Pero en 1997 también se detiene Sierra Pintada, por la caída del precio del uranio, debido a dos razones. Por un lado, el accidente de Chernobyl, que hizo que muchos cuestionaran el sostenimiento de sus programas de energía nuclear. Y, por otro, el fin de la Guerra Fría entre Rusia y Estados Unidos, que llevó al desarme de ojivas nucleares y el uso del material para la generación de energía limpia.
Hasta ese momento, indicó el geólogo, Sierra Pintada producía 120 toneladas de uranio -con recursos provenientes de Mendoza y de Chubut, del proyecto Cerro Solo-, para abastecer las dos centrales nucleares que había en Argentina, que consumían esa misma cantidad. Cuando se detiene, comienza el proceso de remediación en el complejo en San Rafael.
Potencial en Mendoza
El presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (Camem) indicó que en Huemul se está evaluando la posibilidad de recuperar el uranio, que está presente con cobre y vanadio, por lo que la idea es determinar la conveniencia de su explotación.
Carlos Ferrer, titular de la Cámara de Servicios Mineros de Mendoza (Casemza), resaltó que la minera Jaguar ha comprometido, en un acuerdo reciente con el Gobierno provincial, una inversión de US$ 25 millones para iniciar la exploración en Huemul. Y si bien indicó que no se trata de un monto elevado para la minería, sí representa una señal importante de que una empresa junior esté interesada en explorar.
Pensado indicó que, en Corcovo, en el límite de Mendoza con Neuquén y La Pampa, el uranio se encuentra en profundidad y se detectó a partir de pozos petroleros (se utilizaron esas perforaciones para medir radiación). Explicó que ahora se está planteando un proyecto con potencialidad de recuperación in situ, que es posible cuando el uranio está en un depósito confinado -sellado- y se encuentra en el agua, lo que permite oxidarlo y recuperarlo por solución.
Precisó que es más un minado por bombeo de pozos de agua que un minado tradicional, de cantera o subterráneo. “Hoy, el 60% del uranio del mundo se produce de esa forma, porque genera una menor huella ambiental y reduce el costo”, destacó.
El especialista indicó que una de las compañías que empezó a prospectar en Malargüe, por cobre, encontró depósitos de uranio. “Podemos tener en la cuenca muchos más descubrimientos de uranio que los que se conocen hoy día”, aventuró.
Ventana de oportunidad
Con el uranio sucede lo mismo que con el cobre: la mayor parte de los proyectos se encuentran en etapa de prospección o de exploración, por lo que aún resta encontrar un yacimiento para luego determinar su factibilidad económica.
Ferrer expresó que, si bien hay un interés muy grande por el cobre en Mendoza, también lo hay por el uranio, ya que los dos son minerales estratégicos. La diferencia es que el primero es de utilización genérica (para cables, autos eléctricos, tecnología en general), mientras que el uranio tiene un uso más puntual, para la generación de energía nuclear y la medicina.
Pensado resalta que la transición energética configura una ventana de oportunidad porque los dos son minerales críticos para ese proceso: el cobre, esencialmente, para la electrificación y el uranio para la generación de energía sin emisión de dióxido de carbono. Subrayó que, en las COP (Conferencias de Cambio Climático) más recientes se ha planteado que habría que triplicar la energía nuclear en el mundo para poder alcanzar las metas de carbono neutralidad.
Un recurso estratégico en debate
En un contexto global que revaloriza la energía nuclear como fuente de generación de energía de base -disponible las 24 horas, a diferencia de lo que sucede con la solar o la eólica- y bajas emisiones de gases de efecto invernadero, el uranio vuelve a posicionarse en la mira.
Mendoza no sólo cuenta con la reserva más grande que se conoce hasta ahora en el país (Sierra Pintada), sino que también tiene la empresa que está trabajando en la construcción de piezas para reactores nucleares modulares (Impsa). La provincia que alguna vez lideró la producción nacional toma relevancia en el radar internacional, no sólo por el cobre, sino también por este otro mineral estratégico en la transición energética.
Sierra Pintada: el gigante histórico que avanza en su remediación
Ubicado en San Rafael, Sierra Pintada es el depósito de uranio más grande conocido en Argentina. Entre 1975 y 1997 produjo alrededor de 1.600 toneladas, aproximadamente el 20% de los recursos estimados en el área. Su cierre dejó un complejo legado ambiental que hoy la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) está remediando bajo un plan técnico de gran escala.
El proyecto, que figura oficialmente en etapa de prefactibilidad, combina dos procesos paralelos: la remediación del sitio —incluidos miles de tambores con residuos, agua de cantera con uranio disuelto y material sólido acumulado— y la puesta en valor de instalaciones, que podrían ser clave para futuros estudios técnicos. Las tareas contemplan la construcción de un dique de disposición final con múltiples barreras, la instalación de cañerías, obras de tratamiento y diques especiales para radio y arsénico.
Aunque hoy la prioridad es ambiental, Sierra Pintada sigue siendo observado como un recurso estratégico: conserva mineral disponible y figura como el único proyecto de uranio en Argentina con estudios avanzados. Su evolución es un termómetro del debate social, regulatorio y técnico que acompañará cualquier reactivación del sector.
Huemul: de mina histórica a nuevo polo exploratorio en Malargüe
La mina Huemul, descubierta en 1952 y explotada desde 1955, fue uno de los pilares del desarrollo nuclear argentino. Su mineral abasteció la planta de Malargüe durante más de dos décadas y dejó una impronta geológica que vuelve a ser explorada.
Hoy, el área se encuentra en una etapa temprana pero activa: Jaguar Uranium Corp, en convenio con el Gobierno de Mendoza, avanza en los pasos preliminares para explorar específicamente uranio. El proyecto se encuentra dentro de Malargüe Distrito Minero Occidental I, por lo que obtuvo la Declaración de Impacto Ambiental para la exploración de cobre, pero ahora deberá realizar una nueva gestión para solicitar permiso para estudiar la mineralización uranífera.
Corcovo: el proyecto que pone a Mendoza en la frontera del ISR
El proyecto Corcovo, impulsado por la canadiense Blue Sky Uranium, suma un capítulo nuevo a la exploración mendocina. La empresa adquirió derechos sobre unas 20.000 hectáreas en el sur provincial y en 2025 confirmó resultados preliminares que apuntan a un sistema mineralizado de alta continuidad, detectado a partir de datos de 89 pozos petroleros históricos.
Corcovo se posiciona como un objetivo para extracción ISR (recuperación in situ), un método de bajo impacto físico. La compañía destacó anomalías radiométricas de hasta 10 metros de espesor y porosidades favorables, comparando el modelo geológico con el yacimiento Inkai, en Kazajistán, uno de los más importantes del mundo en esta tecnología.
La apuesta es de largo plazo, pero ubica a Mendoza en un mapa de exploración moderna, con potencial para generar uno de los primeros proyectos ISR del país




