Santa Cruz. Con la ley 90/10 vigente, los vuelos a Perito Moreno operan con hasta un 80% de plazas para la minería

Santa Cruz. Con la ley 90/10 vigente, los vuelos a Perito Moreno operan con hasta un 80% de plazas para la minería

Ley 90/10 vs «vuelos mineros». En febrero de 2026, el Gobierno de Santa Cruz anunció la llegada de vuelos de American Jet a Perito Moreno como parte de un acuerdo público-privado que buscaba mejorar la conectividad del noroeste provincial. Sin embargo, a poco más de un mes de su puesta en marcha, el funcionamiento real del servicio expone una dinámica que merece un análisis más profundo.

Actualmente, los vuelos —que conectan con Buenos Aires con escala en Comodoro Rivadavia— operan con una frecuencia de dos veces por semana y bajo un modelo que, si bien incluye pasajeros comerciales, está claramente estructurado en función de la demanda minera.

La distribución de asientos es el dato central:

  • Entre 35 y 40 plazas por vuelo (aproximadamente el 70% al 80%) están ocupadas por personal de compañías como Newmont y Minera Santa Cruz.
  • Solo entre 10 y 15 asientos (20% a 30%) quedan disponibles para el público general.

Este esquema se corresponde con la utilización de aeronaves tipo Embraer ERJ 145, con una capacidad total cercana a los 50 pasajeros, modelo habitual dentro de la flota de la compañía.

Lo que en la comunicación oficial se presentó como una apertura de vuelos comerciales, en la práctica funciona como un “chárter adaptado”: una estructura originalmente diseñada para el transporte corporativo —principalmente minero— que libera una porción marginal de su capacidad para la comunidad.

Este punto adquiere especial relevancia en el marco de la denominada ley 90/10, normativa vigente en Santa Cruz que establece prioridades en la contratación de mano de obra local en la actividad minera. Si bien la ley está orientada al empleo, el esquema aéreo vigente introduce una tensión indirecta: mientras se promueve la participación local en el trabajo, gran parte de la logística asociada —como el transporte— continúa organizada en función de las necesidades operativas de las empresas.

En términos concretos, más del 70% del avión sigue respondiendo a contratos preexistentes de traslado de personal minero. Los asientos comerciales no surgen de una planificación orientada al mercado general, sino de la “sobreventa” de capacidad que ya estaba comprometida por las compañías.

Este modelo no es nuevo para American Jet, empresa con más de 40 años de trayectoria en vuelos chárter corporativos, especialmente vinculados a la minería y al sector energético. La diferencia es que, en este caso, el componente comercial aparece como un complemento y no como el eje del servicio.

Otro factor que refuerza esta lógica es la baja visibilidad del producto: sin campañas masivas, sin presencia en agencias tradicionales y con venta limitada a plataformas digitales, el acceso a estos vuelos queda restringido no solo por la cantidad de asientos, sino también por su alcance comercial.

En este contexto, la pregunta de fondo no es si los vuelos existen —porque efectivamente están operativos desde marzo de 2026— sino bajo qué lógica funcionan y a quién benefician principalmente.

Para la industria minera, el esquema representa una solución eficiente y alineada con sus necesidades logísticas. Para la comunidad, en cambio, el impacto es más acotado y condicionado por una disponibilidad limitada.

A futuro, el desafío será determinar si este modelo puede evolucionar hacia una mayor apertura o si se consolidará como una herramienta predominantemente al servicio de la actividad minera, con un acceso residual para el público general

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