El proceso redefine la producción y reconfigura la forma en que se procesan los datos para crear organizaciones colaborativas y eficientes.
Por Guillermo D. Rueda
El excepcional momento que atraviesa el sector agropecuario en sus múltiples vertientes virtuosas —una de ellas por las producciones generadas en un contexto constante de demanda de dólares para solventar las cuentas del Estado—, permite hacer una mirada de faros largos para que el episodio no sea efímero (y que se extienda más allá de lo económico).
Así entonces, al influjo de las bondades de la inteligencia artificial no son pocas las conclusiones que pueden obtenerse a partir de lo que se produce en el denominado campo argentino.
Justamente, el Ing. En Producción Agropecuaria, Federico Mayer (UCA) describe —en su obra Agro 10X— el tránsito hacia una transformación histórica impulsada por la fusión de la inteligencia artificial, la digitalización y la biotecnología, partiendo del hecho concreto de que el sector agropecuario es el protagonista indiscutido de esta nueva revolución de algoritmos, sensores y redes.
Para Mayer, la crisis ambiental global debe leerse como una ventana de posibilidades para el país: “En paralelo, el mundo enfrenta la presión de los límites planetarios. Esto abre una enorme oportunidad para el agro, el único sector capaz de secuestrar carbono de manera masiva y, a partir de esto, generar biomasa transformable en alimentos, energía y biomateriales”.
Esta visión trasciende lo meramente ecológico para insertarse en la lógica del mercado actual: “Además, nuevas corrientes financieras reconocen que el 60 % del PBI global depende directamente de la naturaleza, por lo que cuidarla ya no es solo un tema ambiental, sino una cuestión de negocios”.
El autor de Agro 10X destaca que la Argentina posee activos fundamentales para liderar este nuevo paradigma de la bioeconomía. Entre ellos se encuentran un sector agro-bioindustrial altamente profesionalizado y con prácticas sustentables, un ecosistema emprendedor en expansión y una diáspora global de talento (similar a la de países como Israel).
Asimismo, Mayer resalta el potencial de los ahorros de argentinos en el exterior, cuyo pequeño porcentaje podría dinamizar la creación de nuevas empresas.
“El objetivo de este modelo es multiplicar por diez el valor del sistema, promoviendo bioproductos y economías circulares que integren la ciencia con el territorio. En este esquema, las ciudades del interior —sostiene— juegan un rol crucial como centros, donde el talento y la innovación se articulan naturalmente con las cadenas de valor”.
Mayer enfatiza que el país debe superar la postura de simple adaptación y tomar un rol activo en el diseño de nuevas realidades.

“La transformación de la Argentina depende de nuestra capacidad para innovar, colaborar y pensar en grande. Debemos dejar de esperar soluciones mesiánicas y asumir la responsabilidad de crear redes, empresas y capacidades que permitan a la Argentina procesar la complejidad del mundo actual”, afirma.
Mayer es ingeniero en Producción Agropecuaria por la UCA y magíster en Administración de Empresas de la Universidad Austral de Rosario. Además, es coach ontológico profesional (CEOP) y forma parte de la comunidad de Scalabl Academy. Junto a Joaquín Piedra Buena, en 2018 fundó el Club AgTech, un espacio que vincula al agro con la tecnología, facilitando la búsqueda, creación e implementación de innovación para solucionar problemas en el agro, organizando los procesos y aplicando la tecnología adecuada para alcanzar los objetivos de productividad y sustentabilidad.
La publicación se presenta, asimismo, como una hoja de ruta para quienes buscan un futuro próspero basado en el conocimiento.
“Con mentalidad moderna, cooperación y nuevas plataformas de sueños colectivos, es posible construir una Argentina pujante, atractiva y protagonista de la nueva era”, concluye Mayer