Entre la sequía, la falta de trabajo y el frío, Gastre analiza la oportunidad minera

Entre la sequía, la falta de trabajo y el frío, Gastre analiza la oportunidad minera

Meseta de Chubut imagen ilustrativa realizada digitalmente por LA17

El jefe comunal describió una economía sin alternativas, el colapso del campo y sostuvo que la minería aparece como la única actividad capaz de sostener a la meseta.

La situación que atraviesa Gastre no se explica desde un solo indicador ni desde una coyuntura puntual, sino desde la superposición de factores que fueron erosionando durante años la base económica y social de la localidad, al punto de configurar un escenario donde el sostenimiento cotidiano depende de recursos limitados y donde cada decisión estructural adquiere un peso determinante. En ese contexto, la voz del jefe comunal Marcelo Aranda, en el aire de #LA17,  volvió a colocar a la minería en el centro de la discusión, no como una opción más, sino como el único camino posible para modificar la realidad de la meseta.

“Nosotros vivimos de la realidad petrolera”, afirmó al explicar cómo las regalías condicionan el funcionamiento de la comuna, en un esquema que en los últimos meses mostró señales de debilitamiento. La caída en esos ingresos dejó al municipio con márgenes estrechos y con escasa capacidad de respuesta, mientras se mantiene la expectativa de una recuperación que todavía no logra traducirse en mejoras concretas.

Ese condicionamiento económico se traslada de manera directa al plano laboral. En Gastre, el empleo privado prácticamente no tiene presencia y la administración pública concentra la mayor parte de las fuentes de ingreso, con un entramado que no logra generar estabilidad ni proyección. Las pocas obras que aparecen, vinculadas a conexiones de gas, activan puestos de trabajo de corta duración, con una dinámica que comienza y termina sin generar continuidad ni impacto sostenido.

La asistencia social completa ese cuadro con un funcionamiento atravesado por tiempos administrativos que muchas veces no coinciden con la urgencia del territorio. “Dependemos mucho del Ministerio de Familia, hacer expedientes, hacer encuestas, y cuando llega la ayuda a veces no es en el momento”, describió Aranda, al poner en evidencia la distancia entre la necesidad concreta y la respuesta institucional.

En paralelo, el deterioro del campo terminó de profundizar la crisis estructural. La sequía reciente no actuó de manera aislada, sino como el último golpe sobre un sistema productivo que ya venía afectado por fenómenos extremos en años anteriores. “Ya no quedan ovejas, ya no quedan chivos”, sintetizó el jefe comunal, en una frase que resume la magnitud de la pérdida para una economía históricamente ligada a la actividad ganadera.

Ese proceso impacta también en la configuración demográfica del pueblo. La permanencia de adultos mayores contrasta con la salida constante de jóvenes que no encuentran posibilidades de desarrollo, en una dinámica que reduce progresivamente la capacidad productiva local y condiciona cualquier perspectiva de crecimiento.

Es en ese escenario donde la minería aparece con un peso específico que atraviesa toda la entrevista. “Lo único que tenemos es la minería”, sostuvo Aranda, al plantear que la puesta en marcha de esa actividad permitiría sostener no solo a Gastre, sino a toda la meseta e incluso aportar a la economía provincial. La afirmación no surge como una consigna, sino como la síntesis de un contexto donde las alternativas actuales no alcanzan para revertir la situación.

Los proyectos vinculados a la actividad existen y avanzan en distintos niveles. El jefe comunal mencionó los informes de impacto ambiental que ya se encuentran en la Secretaría de Ambiente de la provincia, con casos como la mina Ángela que comienzan a dar pasos en la etapa de cateo. A esto se suman los desarrollos relacionados con litio y plata, entre ellos el proyecto Navidad, que Aranda definió en términos de escala al afirmar que “es el más grande que Vaca Muerta”, al intentar dimensionar su potencial.

La comparación con otras provincias aparece como un elemento que refuerza el planteo. La referencia a Río Negro, donde la actividad minera ya se encuentra en funcionamiento en zonas cercanas, marca un contraste que alimenta la discusión local y deja expuesta una diferencia en términos de decisiones políticas y desarrollo productivo.

Lejos de plantear un avance sin condiciones, el jefe comunal incorporó exigencias vinculadas al control ambiental y a la participación local en el empleo. La necesidad de garantizar procesos que no generen contaminación y de priorizar mano de obra de la zona aparece como un punto central dentro de una propuesta que busca equilibrar desarrollo económico con cuidado del territorio.

Mientras esa discusión permanece abierta, la llegada anticipada del invierno vuelve a poner en primer plano las condiciones de vida en la meseta. “Se viene un invierno bastante crudo, se vino antes de tiempo, ya está nevando en Gastre”, advirtió Aranda, al describir un escenario que obliga a activar mecanismos como el Plan Calor para afrontar los meses más difíciles.

En ese cruce entre urgencias cotidianas y decisiones estructurales, la minería deja de ser un debate abstracto para transformarse en un eje concreto de la agenda local, donde se concentran expectativas, tensiones y la necesidad de una definición que, para muchos en la meseta, ya no admite más postergaciones

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