El intendente de Córdoba hizo un balance de sus dos años al frente de la Municipalidad. Remarcó sus críticas contra el gobierno de Javier Milei. Adelantó qué pasará con los servicios de transporte, recolección de basura y el agua.
-¿Cómo notó el discurso del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias, marcado por la confrontación y la falta de referencias a Córdoba?
—Lo escuché por obligación institucional y porque también tenía expectativas de si este año había alguna noticia para Córdoba, particularmente sobre Dioxitec. A los cordobeses la Nación nos quitó 107.000 millones de pesos si uno proyecta la plata de los subsidios del transporte; y para trasladar la planta de Dioxitec a Formosa hace falta una inversión de 50 millones de dólares, o sea, con la mitad de la plata que nos sacaron del transporte podrían terminar la planta y llevarse esta pesadilla de hace 40 años. El presidente no nombró a Córdoba ni a ninguna provincia. Creo que elige la confrontación con «el pasado» porque no tiene nada para decirnos para el futuro ni está encontrando respuestas para el presente.
—Mencionó la realidad económica, ¿qué indicadores le preocupan más?
—Son muy preocupantes los números de los cuales el presidente no habló: la caída del nivel de empleo real, la pérdida de puestos de trabajo y el dato cruel de la caída de la recaudación del 9%, que es el décimo mes consecutivo. Para quienes administramos Estados, esa es una pésima noticia e indicador de que hay una caída de actividad económica y no veo que le estén encontrando la salida.
– A nivel institucional, ¿cuál es la relación actual con el Gobierno nacional?
–Tuvimos una relación más directa cuando Guillermo Francos era Jefe de Gabinete y gestionamos con éxito la SUBE, que Córdoba no recibía. Después fuimos dos veces más por el Ferrourbano, pero cambiaron funcionarios y nunca más tuvimos respuesta. Actualmente las vinculaciones son mínimas: gestiones en el Ministerio de Defensa por terrenos y el envío de notas cada seis meses al Ministerio del Interior para que nos autoricen la emisión de una letra para seguir pagando la deuda heredada.
—Sobre Dioxitec, ¿hay diálogo con la Nación? ¿Qué pasará con la prórroga?
– Quien más habla con ellos es Gabriel Martín, nuestro secretario de Ambiente. No hay una propuesta superadora y hay una posición muy firme de la justicia federal. Lo digo enfáticamente: una prórroga por ocho años es inadmisible. Ya pasaron 40 años de «ocho años en ocho años» y no vemos soluciones. El gobierno nacional debe invertir para terminar la planta en Formosa y debe haber un horizonte cierto que diga que en dos años la planta se va. La responsabilidad es del Estado Nacional, que posee el 51% de las acciones.
–¿Cómo se gobierna una ciudad que votó a Milei dos veces y fuerte cuando usted es tan crítico? ¿Pensó en cambiar el discurso?
–No es una cuestión personal. Soy realista y respeto la voluntad soberana del pueblo, pero la realidad indica que nuestros reclamos son justos porque son recursos que necesitamos. Por la caída de la actividad, hemos tenido un incremento del 26% de la atención en hospitales municipales; es gente que se queda fuera de la obra social o prepaga y acude al Estado municipal. No recibimos ayuda extra por esto y nos han quitado recursos proyectados. La realidad de Córdoba desde que asumió Milei es peor que antes, y antes ya era mala porque lo de Fernández fue muy malo.

– Ante el recorte irreversible de subsidios al transporte, ¿qué pasará este año?
–La decisión nacional es irreversible y van a profundizar el ajuste. Haber obtenido la SUBE fue un acierto para ordenar el sistema y ahora estamos en la etapa de adjudicación de contratos precarios para luego ir a una licitación definitiva. Queremos ir hacia el déficit cero. Hoy el costo del boleto nos da 2.080 pesos; la Municipalidad aporta 300 pesos de subsidio por cada pasajero que no tiene SUBE.
Passerini y una autocrítica
–¿Cómo evalúa su propia gestión? ¿Se autoevalúa?
–No estoy satisfecho, claramente. Teníamos la expectativa de hacer muchas más cosas, pero haber tenido que pagar casi 100 millones de dólares de deuda externa heredada explica mucho de lo que no pudimos hacer. Soy autocrítico y admito problemas de funcionamiento; por eso el año pasado tomé decisiones de cambios y las voy a seguir tomando cuando no esté conforme.
–Sobre los contratos de basura y agua que vencen, ¿qué decisión tomó?
–En basura, mi decisión es que la prórroga de las concesiones se haga por ordenanza, no por decreto, para generar las condiciones de la próxima licitación. Con el agua, mi idea determinante es anexar el servicio de cloacas al contrato de concesión. Queremos llegar a fines de este año a más de un 60% de la ciudad con cloacas (estábamos en un 40%).
– ¿Cómo logrará el déficit cero en este contexto?
–A través de la transformación del transporte, el saneamiento de TAMSE (que hoy tiene 691 empleados de los más de 2000 que llegó a tener, mediante transferencias sin despidos) y la digitalización total con el programa «Mi Docta». No voy a llegar al déficit cero cerrando escuelas o hospitales. Además, estamos captando inversiones privadas: cinco grandes proyectos de salud vienen a Córdoba por beneficios impositivos que estamos dando.
–¿Sigue sosteniendo la idea del «Partido Cordobés» o el peronismo quedó atrás?
– Hablar de peronismo hoy me parece algo antiguo. Yo me considero un humanista social, con el Papa Francisco como referente. Córdoba siempre buscó ampliar su base porque claramente no es una provincia peronista. El concepto de partido político tradicional está agotado; hoy la política debe hablar de modernización e inteligencia artificial con una mirada humana. El «Partido Cordobés» es sumar gente y renovar expectativas mirando al futuro.
–Sobre los «naranjitas», ¿cambió su lógica de gestión?
– No me prendo en el discurso de odio de «eliminar», se trata de ordenar el espacio público. La ciudad no necesita gente cuidando coches donde hay Guardia Urbana; por eso, a quienes quieren trabajar les ofrecemos integrarse a cooperativas de limpieza o reciclado. La vía pública es de todos y solo la puede regular la Municipalidad. En marzo habrá una depuración importante porque vencen autorizaciones y no se van a renovar las que no estén en regla.
–¿Qué pasa con la ordenanza de las aplicaciones de transporte, como Uber? Se inscribieron pocos, apenas más de 1.000.
–El número de 15.000 era estimativo de las empresas; nosotros no pusimos tope porque era un universo en la ilegalidad. La ordenanza lleva 5 meses y marzo será un mes bisagra para ver si hay que adecuarla. Vamos a exigir vehículos en condiciones y conductores idóneos sin antecedentes delictivos. Seguiremos secuestrando autos que no estén regularizados.
–¿Cuántos empleados de planta y cuántos funcionarios tiene la Municipalidad hoy?

–Funcionarios políticos tenemos menos que cuando asumí: 381 hoy frente a los 440 de antes. En empleados de planta y contratados (Artículo 8), sumamos entre 9.200 y 9.300, menos que los 11.000 que llegó a tener la ciudad. El gasto en sueldos cerró el año pasado en menos del 40% del presupuesto.
–Finalmente, ¿cómo está su salud?
–Estoy muy bien, excelente. Los controles dieron perfecto y la cirugía fue curativa, no necesito quimio ni rayos. Fue una excelente decisión hacerme los controles y operarme