Todos los viernes, despliegan una carpa en la peatonal Córdoba, reparten volantes y buscan adhesiones para defender los derechos de las personas mayores
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Los jubilados rosarinos nucleados en Fapram y en el Foro de la Tercera Edad se reúnen todos los viernes en la peatonal Córodba
“Nosotros, los jubilados, hacemos lo que ustedes, los jóvenes, no se animan”, reza un cartel colgado en uno de los faroles de la peatonal Córdoba, casi llegando a la esquina de Corrientes. Sin importar el calor de febrero ni el sol inclemente, todos los viernes a la mañana, la Federación Regional de Asociaciones de Personas Adultas Mayores (Fapram) y el Foro de la Tercera Edad desplieguan su carpa sobre la peatonal, reparten volantes y juntan firmas para que la Defensoría de las Personas Mayores adquiera rango institucional dentro de la nueva Carta Orgánica de Rosario. “La militancia nunca se jubila”, afirma Santiago Arrieta, jubilado de 74 años y presidente del Foro de la Tercera Edad, en conversación con La Capital.
De la movida participan adultos mayores de todas las edades, desde los 60 hasta los 90 años inclusive. Y aunque muchos de ellos tienen una larga trayectoria en la militancia, ya sea en organizaciones gremiales, partidarias, vecinales o incluso cooperadoras, también están los “nuevitos”, aquellos jubilados que estrenan su carrera militante en el reclamo por los derechos de la tercera edad. Este es el caso de Amanda, jubilada de 83 años, quien todos los viernes viaja en colectivo desde barrio Agote hasta la peatonal Córdoba para entregar volantes y charlar con la gente que pasa sobre la importancia del reclamo de Fapram. “Es la primera vez en mi vida que lo hago, me trajo una amiga que ya participa y me encantó”, dice Amanda sobre Rosa, de 61 años. Ambas se conocieron en una actividad social de un centro de jubilados y allí nació la amistad, pero hoy se convirtieron en compañeras de militancia.
Organizados y unidos, cada semana participan personas mayores de todos los puntos de Rosario, desde zona sur hasta Alberdi. En su mayoría, se mueven en transporte público -a veces con trayectos de hasta una hora- y se encuentran cada viernes en el centro para seguir con la junta de firmas y visibilizar el reclamo. «Vienen por voluntarismo, por solidaridad. Cada uno viene con su propio esfuerzo», destaca Arrieta, y suma: «Estamos haciendo lo que los pibes se creen que no tienen que hacer. Los jóvenes están dormidos”.
En cuanto a la respuesta de los transeúntes que recorren la peatonal Córdoba, están teniendo una repercusión más que positiva. Este viernes, en menos de media mañana, la Fapram y el Foro de la Tercera Edad ya habían conseguido más de 200 firmas que respaldan sus pedidos.
El pedido de los jubilados
En particular, la junta de firmas busca la explicitación de los derechos de los adultos mayores en el marco de la futura Carta Orgánica de Rosario, que quedó habilitada con la aprobación de la autonomía municipal. En 2027, se sancionará esta “mini Constitución” de la ciudad y los jubilados quieren tener voz propia.
“Queremos que haya un representante que se siente a discutir de igual a igual en el Concejo y trate los derechos de la tercera edad. Hay que tener en cuenta que en Rosario hay 240.000 adultos mayores”, detalla Arrieta.
“Es poner en valor la dignidad de los jubilados. A veces la juventud se olvida de que todos van a ser jubilados en algún momento”, agrega el presidente del Foro de la Tercera Edad, quien fue cuatro veces secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento seccional Rosario y, junto a su esposa y compañera Olga, jubilada docente de 77 años, impulsan la actividad de cada semana. En su lucha, Santiago y Olga también son acompañados por su familia, y especialmente por sus nietos, que este viernes se hicieron presentes en la carpa de Fapram.
El pedido de Fapram es que la Defensoría de las Personas Mayores adquiera rango institucional en la Carta Orgánica de la ciudad. Además, la organización de jubilados pide por la pronta reglamentación de la ley provincial 14.231, que fue sancionada en 2023 pero todavía no tiene una aplicación práctica. Frente a los recortes en atención médica y remedios que realiza el gobierno nacional, este tipo de herramientas institucionales cobra todavía más valor.
Además de los recortes en tratamientos médicos, Arrieta señala que otra barrera a la hora de garantizar el acceso a la salud es el traslado urbano. Muchas veces, por complicaciones físicas, los jubilados deben viajar con un acompañante, como es el caso del presidente del Foro de la Tercera Edad, quien sufre un dolor crónico en la espalda. “Si tiene que pagar el boleto también del acompañante, ese pobre jubilado que gana la mínima va a preferir tirar un caracú a la olla antes que pagar el colectivo para hacerse atender”, resume el militante por los derechos de la tercera edad. En enero, el haber mínimo de los jubilados de Anses fue de $429.254,35 (contando el bono de 70 mil pesos).
Organizados contra la soledad
Además de la militancia, otro punto importante en las actividades de Fapram y el Foro de la Tercera Edad es el encuentro. “Trabajamos para visibilizar el fenómeno que se da con los (jubilados) que se quedan solos», asegura Arrieta, y pone como ejemplo la brecha digital existente y la falta de conocimiento de los adultos mayores con cuestiones cotidianas, como el pago de servicios: «Un día te vas a encontrar con que vienen y te ponen la bandera de remate en tu casa porque hay gente que todavía no se adapta a un teléfono celular”.
Las complicaciones para hacer trámites son una constante en el sector. “Que tenga canas no significa que soy tonta o que soy sorda”, expresa Rosa, jubilada de 61 años que toda su vida estuvo vinculada al gremio de Empleados de Comercio y ahora participa activamente de la carpa de los viernes: “Para eso también sirve la inclusión en la Carta Orgánica, para que sea más explícito y se respeten nuestros derechos”.
Para enfrentar el aislamiento que puede venir con la edad, Fapram cuenta con 25 centros de jubilados, espacios de encuentro que ofrecen talleres de todo tipo para recuperar la autonomía y el vínculo con los otros. “Tenemos talleres para el manejo de la computadora y los celulares, pero también para aprender baile, peñas de canto y talleres literarios donde la gente se engancha mucho”, cuenta Arreta. Para el referente, estas actividades son vitales porque permiten salir de casa y sociabializar


