El calafate, planta autóctona de Santa Cruz y símbolo cultural profundamente arraigado —“si comés uno de sus frutos, volvés a Santa Cruz”— es también una especie de reproducción compleja. Durante años, su propagación exitosa fue un desafío por sus particularidades biológicas, la falta de estudios específicos y las dificultades de adaptación. Lograr su reproducción controlada implica investigación, ensayo y trabajo sostenido, elementos que hoy forman parte de los planes de revegetación exigidos por la legislación de cierre de minas.

En ese marco, el esqueje adquiere un significado mayor: representa el esfuerzo técnico orientado a reproducir especies nativas para los procesos de restauración ambiental cuando una unidad minera finaliza su vida útil. Pero además, abre una perspectiva que va más allá de la obligación normativa. El fruto del calafate puede transformarse en un recurso con potencial de desarrollo local, generando oportunidades productivas posmineras vinculadas a la identidad santacruceña.
Desde la Secretaría de Estado de Minería se viene trabajando en la aplicación efectiva de la ley de cierre de minas, no solo desde el control, sino también desde el acompañamiento técnico y jurídico para que los planes se diseñen con anticipación y se ejecuten correctamente. La lógica es clara: el cumplimiento no es el techo, sino el punto de partida.
Un caso concreto es el proyecto Cerro Negro, donde se avanza en la planificación temprana del cierre. Recientemente se llevó adelante el cuarto muestreo participativo de agua, flora y fauna, con la participación de referentes de las comunidades de Perito Moreno y Los Antiguos, concejales, representantes de pueblos originarios y organismos del Estado. Estos espacios de monitoreo fortalecen la transparencia y consolidan un esquema de control social que aporta legitimidad al proceso.
En esta instancia participaron equipos de Newmont Argentina, junto a funcionarios y técnicos de la Secretaría de Minería, en una dinámica que combina responsabilidad empresaria, presencia estatal y participación comunitaria. Cuando estos factores convergen, el cierre deja de ser un trámite administrativo para convertirse en una transición planificada.

El desafío de Santa Cruz no es solo producir con estándares ambientales adecuados durante la operación, sino garantizar que el territorio cuente con herramientas para el día después. La revegetación con especies nativas, la planificación productiva y la participación comunitaria son componentes centrales de ese modelo.
Pensar el cierre de minas de manera inteligente implica asumir que la actividad minera es temporal, pero el territorio es permanente. Y en ese equilibrio se juega la verdadera sostenibilidad del sector en la provincia.
EQUIPOS QUE SIEMBRAN CONFIANZA Y FUTURO
En esa línea, desde los propios equipos que lideran estos procesos se refuerza la mirada estratégica del cierre como transición y legado. Sandro Dario Sanchez, referente en sostenibilidad y gestión social estratégica, destacó que visibilizar este trabajo silencioso es fundamental, porque pensar el cierre como parte del desarrollo —y no solo como cumplimiento— implica construir confianza con la comunidad en procesos participativos que demandan tiempo, coherencia y convicción. Por su parte, Carolina del Valle, directora de Ambiente en Newmont Argentina, valoró el acompañamiento institucional y la confianza depositada en los equipos técnicos que sostienen estas iniciativas.
La coincidencia es clara: cuando empresa, Estado y comunidad trabajan dentro del mismo proceso, el cierre deja de ser el final de una operación y comienza a convertirse en el punto de partida de una nueva etapa productiva. Ese es el verdadero desafío —y también la gran oportunidad— de la minería en Santa Cruz.
Por: Extremo Minero