Mendoza logró una autonomía de gestión que la posiciona como una especie de Estado-Nación productivo dentro de la Argentina, moviéndose con una agilidad que la Cancillería nacional, a menudo empantanada en la macroeconomía y las internas políticas, no puede igualar.
La estrategia geopolítica de Mendoza se transformó en una verdadera herramienta de estado que desafía la centralidad de Buenos Aires para convertirse en una suerte de diplomacia provincial.
En tal sentido, Mendoza logró una autonomía de gestión que la posiciona como una especie de Estado-Nación productivo dentro de la Argentina, moviéndose con una agilidad que la Cancillería nacional, a menudo empantanada en la macroeconomía y las internas políticas, no puede igualar.
Esta diplomacia cuenta con la inevitable participación del ProMendoza, el ente público-privado que pasó de ser un facilitador de ferias a convertirse en una suerte servicio exterior provincial.
Bajo el mando de Patricia Giménez, la fundación implementó una modalidad que tiene como finalidad establecer a nivel provincial vínculos directos con centros de poder en Europa.
El ejemplo más reciente puede hallarse en Francia, donde el gobernador Alfredo Cornejo mantuvo reuniones con directivos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para alinear a Mendoza con estándares internacionales de transparencia y desarrollo sostenible.
Con este tipo de medidas, el mandatario provincial intenta enviar a los fondos de inversión el mensaje de que las reglas del juego en Mendoza son estables independientemente del color político que gane la estadía en la Casa Rosada.
En esa línea, cabe destacar además que este posicionamiento fue vital ante el acuerdo histórico entre el Mercosur y la Unión Europea, donde la provincia se adelantó al resto del país preparando su matriz productiva para un mercado de 700 millones de consumidores.
Además de la venta de vinos, la estrategia provincial incluye la exportación de servicios de economía del conocimiento y la captación de inversiones para el Plan Malargüe Distrito Minero Occidental.
Asimismo, la logística también juega un papel diplomático crucial, ya que con la conectividad aérea directa con hubs como Panamá y San Pablo, Mendoza logró que sus empresarios y funcionarios puedan aterrizar en diversos destinos sin la necesidad de tener que pisar el Aeropuerto de Ezeiza, reforzando esa identidad de Estado-Nación.
Este fenómeno se complementa con la elección de Mendoza entre los mejores destinos del mundo según Time Out, un sello de calidad que el gobierno utiliza como moneda de cambio para atraer turistas y capitales que buscan la seguridad jurídica.
Mendoza, en todo caso, mantiene cierta autonomía diplomática que le permite sentarse en las mesas internacionales de financiamiento y comercio sin la necesidad de un respaldo nacional que hoy todavía discute cómo salir del aislamiento financiero