La minería y la energía son los motores de la reactivación económica que promete el gobierno de Milei y en el complejo portuario de Zárate y Campana ven una oportunidad estratégica: captar la exportación de minerales del Cuyo cuando el San Martín vuelva a operar con volumen.
Pero en la vereda de enfrente se paran otros jugadores de peso: los agroexportadores con terminales en el Gran Rosario que no se quieren quedar afuera de un negocio que empieza a asomar como complementario al complejo cerealero y aseguran que, con inversiones acotadas, sus puertos pueden adaptarse sin dificultad a la carga minera.
Fuentes del sector destacan además una ventaja logística clave de la minería, en especial del litio: la necesidad de importar insumos y reactivos. Eso obliga a que el tren que lleva el mineral a los puertos no vuelva vacío, sino cargado con materiales para la explotación, un esquema que mejora los costos y vuelve más atractivo el negocio ferroviario.
En ese sentido, subrayan la importancia de la soda cáustica, un producto que durante el auge de la industria pesada se fabricaba en el Cordón Industrial del Gran Rosario donde supo funcionar uno de los polos petroquímicos más importantes del país con plantas como las ex Duperial, Electroclor y Sulfacid hoy convertidas en baldíos de alto riesgo de peligro ambiental.
Lo cierto es que ahora los empresarios ponen en foco de interés en dos ramales de carga: el Belgrano y el San Martín. El primero conecta el norte argentino, atraviesa trece provincias y enlaza con Bolivia, Paraguay y Chile; el segundo apunta al oeste, donde se concentran los grandes proyectos de cobre. Esa división explica también la pelea empresaria que se viene.
El proceso de privatización del ferrocarril se sacudió en las últimas horas con la revelación que publicó LPO en exclusiva donde fuentes del sector ferroviario informaron que ejecutivos del Grupo México del magnate Germán Larrea interesados en quedarse con el sistema, frecuentan diariamente las oficinas del Belgrano Cargas en Palermo y temen una licitación armada a su conveniencia.
Fuentes de la empresa mejicana negaron las versiones, pero admitieron el interés del holding de quedarse con el negocio. Supuestamente, estarían interesados tanto en el San Martín como el Belgrano.
Sin embargo, el Belgrano Cargas reviste un interés central para el sector agroindustrial exportador porque nace en Salta, recorre varias provincias agrícolas y termina en los puertos donde operan las grandes cerealeras. Tras un largo proceso, varias empresas agroindustriales conformaron un consorcio «pro Belgrano» para competir en la licitación y garantizar la carga que hoy explica cerca del 85% de lo que transporta el ramal, con la expectativa de hacerlo crecer como unidad de negocios, explicó a LPO Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara Aceitera.
Las empresas que conformaron el consorcio son ACA, Aceitera General Deheza, Bunge, Cargill y Dreyfuss. El esquema de obras para la reactivación del ferrocarril que piensan los cerealeros incluye múltiples inversiones en centros logísticos, acopios granarios y nodos de transferencia que generarían empleo en distintas localidades a lo largo del recorrido, además de las obras de infraestructura necesarias para poner el sistema en condiciones. En el sector admiten que se trata de inversiones de gran escala, difíciles de encarar sin algún tipo de respaldo estatal.
Mientras que el consorcio de cerealeras dejó trascender que su interés está puesto exclusivamente en el Belgrano Cargas, el Grupo México evalúa quedarse con ambos ramales, una definición que podría reconfigurar el mapa portuario.
La experiencia minera no es ajena al Gran Rosario. La mina Alumbrera, en Catamarca, que dejó de funcionar y en el lugar quedó un cráter y denuncias de contaminación ambiental, exportó durante años cobre y oro a través del NCA y de un puerto propio en Puerto General San Martín.
Ahora, con el avance de proyectos de cobre en el Cuyo y de litio y cobre en el norte, la discusión se calienta, atravesada por la pelea entre puertos por un negocio en el que nadie se quiere quedar afuera