El Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) advirtió hace más de 20 años sobre la peligrosidad geológica en la zona del cerro Hermitte, en Comodoro Rivadavia, donde recientemente se produjeron desplazamientos de tierra que obligaron a evacuar viviendas. Aquellos informes desaconsejaban de manera explícita el avance urbano en el sector, al tratarse de un terreno inestable y en movimiento.
El informe elaborado en 2002 sobre el cerro Hermitte describía con claridad que el área no era apta para la construcción de viviendas. Sin embargo, las advertencias no fueron atendidas. No se trata de un caso aislado: en Comodoro Rivadavia, el Segemar también elaboró estudios sobre la inestabilidad del barrio Divina Providencia, la erosión eólica y riesgo de aluviones en el barrio Escalante, y la erosión marina en sectores de la costa.
La falta de previsión quedó expuesta de forma dramática durante las inundaciones de 2017, cuando la ciudad sufrió uno de los eventos de lluvias más intensos de su historia reciente. En aquel momento se registraron aludes de barro, deslizamientos e inundaciones en zonas que ya habían sido identificadas como de alta peligrosidad.
«El movimiento fue lento y eso permitió que la gente pudiera evacuar. Pero podría haber sido distinto y hoy estaríamos hablando de muertos», advirtió el geólogo e investigador del Segemar Fernando Pereyra, al referirse al reciente deslizamiento en el cerro Hermitte.
Informes públicos y expansión urbana en zonas no aptas
Todos los estudios del Segemar se encuentran disponibles en su repositorio digital de acceso público. En la Patagonia, el organismo elaboró informes técnicos en localidades como San Carlos de Bariloche, San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Trevelin, Rawson, Esquel, Puerto Madryn y Caleta Olivia, entre otras.
«Cada ciudad tiene riesgos particulares, pero el patrón se repite: el crecimiento urbano avanza en zonas que nosotros consideramos no aptas», explicó Pereyra. En Puerto Madryn, por ejemplo, se identifican riesgos asociados a la costa; en Esquel, a la caída de rocas; y en Bariloche, a la inestabilidad de laderas.
Uno de los casos más complejos es Villa La Angostura, donde el desarrollo inmobiliario de alto valor se concentra en laderas montañosas. «Las construcciones son grandes, se desmonta para tener vista al lago y la infraestructura vial agrava la situación», señaló el especialista, en referencia a los informes realizados sobre la Ruta de los Siete Lagos.
El rol del Segemar y los límites de la planificación
El Segemar es un organismo científico-técnico nacional que depende de la Secretaría de Minería, en la órbita del Ministerio de Economía. Produce mapas geológicos, informes de peligrosidad y brinda asistencia técnica a gobiernos, aunque no tiene facultades para regular el uso del suelo. La aplicación de sus recomendaciones queda en manos de las autoridades locales y provinciales.
«Cuando ya hay barrios asentados en zonas peligrosas, nadie quiere hacerse cargo de decirle a la gente que se tiene que mudar. Pero en lugares como el cerro Hermitte eso es inevitable, porque no es un sitio apto para viviendas», sostuvo Pereyra.
Deforestación y mayor riesgo en la cordillera
En las localidades cordilleranas, la deforestación aparece como un factor clave que agrava la inestabilidad de laderas. La remoción de la cobertura vegetal reduce la capacidad del suelo para absorber agua, incrementa la erosión y eleva el riesgo de deslizamientos y caídas de rocas.
«El bosque natural cumple una función protectora fundamental. Un árbol grande puede frenar una piedra del tamaño de una camioneta», explicó el geólogo, al recordar un episodio ocurrido en Villa Paur, en San Martín de los Andes, donde la vegetación evitó que una roca impactara contra una vivienda.
Según los especialistas, la urbanización sin control, acompañada de desmontes, apertura de caminos y obras viales, incrementa la peligrosidad. «Cuando urbanizás una ladera la volvés más inestable: agregás agua, cañerías, tránsito y vibraciones», advirtió Pereyra.
Fuente de información: publicado en ADNSur