El campo deja de ser percibido como el principal motor de la economía

El campo deja de ser percibido como el principal motor de la economía
El inicio del tercer año de gestión de Javier Milei trae consigo un quiebre profundo en un dogma que rigió la identidad argentina durante más de un siglo. Según el último relevamiento de DC Consultores, la sociedad comenzó a desplazar al sector agropecuario de su lugar de privilegio como principal impulsor de la riqueza nacional. Al indagar sobre qué actividad traccionará el crecimiento en los próximos años, la producción de hidrocarburos (asociada a Neuquén) lideró las preferencias con un 41,4%, relegando al campo a un cuarto puesto que marca el fin de una era en el imaginario colectivo.
Mineria e hidrocarburos desplazan al campo.

Este cambio de perspectiva sugiere que el centro de gravedad del desarrollo está migrando desde el puerto y la provincia de Buenos Aires hacia el interior profundo del país. La encuesta muestra que el litio (vinculado a Jujuy) ocupa el segundo lugar con un 27,2%, seguido por la minería (Mendoza) con un 16,8%. Recién en la última posición aparece la actividad agropecuaria, con apenas un 14,6% de respaldo. El director de la consultora, Aníbal Uriós, definió este fenómeno como una ruptura del centralismo porteño que redefine el mapa de poder entre las provincias y la Nación.

El estudio, realizado entre el 10 y el 12 de enero sobre casi dos mil casos, indica que la sociedad internalizó una nueva épica basada en la inversión privada y la extracción de recursos. «No es solo un cambio económico, es un cambio de identidad: la fe se deposita en lo que sale del suelo (energía y minerales) más que en lo que crece sobre él», evaluó Uriós en el informe técnico. Esta transición refleja un agotamiento del modelo tradicional y una mirada crítica sobre lo que el consultor denomina el «mito» de que la riqueza depende exclusivamente de las lluvias y la Pampa Húmeda.

En términos de respaldo político, la administración libertaria cosecha un 62,2% de apoyo para su rumbo económico, un número que le otorga oxígeno para profundizar la apertura al sector privado. El sondeo destaca que un 77% de los consultados considera que el modelo actual es el adecuado para dinamizar a las empresas, clave para el desarrollo de proyectos de infraestructura energética y minera. Esta percepción se alimenta de una desilusión terminal con el esquema anterior y la aparición de estos «motores» que prometen un valor agregado diferente al de las materias primas tradicionales.

La consolidación de esta tendencia implica que el electorado ya no reclama milagros climáticos, sino inversiones de gran escala que requieren estabilidad jurídica y capitales extranjeros. El informe de DC sostiene que el sacrificio pedido por el presidente en los últimos dos años fue procesado por la sociedad como el costo necesario para activar esta nueva matriz productiva. Según el análisis de Uriós, la mirada de la población dejó de ser una transición basada en la incertidumbre para convertirse en una apuesta clara por un proyecto de país vinculado al subsuelo.

El desplazamiento del agro al último lugar de la lista de expectativas es un dato que incomoda tanto a la dirigencia tradicional como a los sectores rurales. Durante décadas, la política económica se decidió en función de los rindes de la cosecha, pero hoy la atención se desplaza hacia la cordillera y la estepa patagónica. Para el Gobierno, este escenario representa una oportunidad de federalizar la gestión a través de los hidrocarburos y los minerales, sectores que demandan normativas específicas y una integración más estrecha con las cadenas de suministro globales.

A pesar del optimismo que reflejan las cifras para la Casa Rosada, el cambio en la percepción social impone desafíos operativos urgentes. El reclamo de la ciudadanía no es solo por la extracción de recursos, sino por la generación de infraestructura que permita que ese potencial se traduzca en empleo y desarrollo regional. El informe de la consultora advierte que el agotamiento de las ideologías «vetustas» obliga a la gestión actual a demostrar que la energía y el litio pueden efectivamente consolidarse como realidades tangibles para el bolsillo de los argentinos.

El panorama para los dos años restantes del mandato de Javier Milei parece estar marcado por esta nueva identidad extractiva. La sociedad parece haber aceptado que el motor del desarrollo ya no depende del clima pampeano, sino de la capacidad de perforar y excavar el suelo con eficiencia privada. Este giro hacia el interior profundo podría alterar definitivamente la relación entre las provincias y el Poder Ejecutivo, otorgando un nuevo peso relativo a los gobernadores que custodian las reservas de gas, petróleo y metales que hoy alimentan la expectativa nacional.

Finalmente, el sondeo concluye que el electorado percibe la riqueza como una consecuencia de la inversión y no del azar meteorológico. Si bien apenas un 16,3% se manifiesta abiertamente en contra del rumbo oficial, el éxito de este cambio de paradigma dependerá de que los hidrocarburos y la minería logren desplazar, no solo en los papeles sino en la realidad, el histórico protagonismo del campo. La fe nacional cambió de lugar y ahora se encuentra enterrada a miles de metros de profundidad, esperando la infraestructura necesaria para salir a la superficie

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