Mendoza entre viñedos y Vaca Muerta busca un nuevo equilibrio económico

Mendoza entre viñedos y Vaca Muerta busca un nuevo equilibrio económico

Descubrí cómo la provincia de Mendoza combina turismo, vino y actividad energética sin perder su esencia natural y cultural, entre cordillera y valles.

En ese nuevo mapa productivo, Vaca Muerta también empieza a moldear rutinas y hábitos. Muchos trabajadores se trasladan por semanas o meses a yacimientos alejados de sus hogares y familias, con jornadas extensas y tiempos muertos que ya no se parecen a los de la vida urbana tradicional. En ese contexto, el entretenimiento digital gana terreno como una forma de desconexión y compañía a distancia. El juego online aparece así como una alternativa accesible desde el celular o la computadora, capaz de ofrecer interacción en tiempo real y una experiencia social mediada por la tecnología, como ocurre con propuestas de casino en vivo de evolution gaming. Lejos de las mesas físicas y los salones clásicos, estas plataformas se integran a una cotidianeidad marcada por la movilidad laboral, la conectividad permanente y la búsqueda de momentos de ocio en escenarios donde el trabajo energético redefine el día a día.

Turismo del vino como cara visible de la provincia

Durante años, Mendoza construyó prestigio internacional alrededor del turismo enológico. Bodegas de distintos tamaños abren puertas a visitantes que buscan catas guiadas, arquitectura contemporánea y contacto directo con la producción de vinos de alta gama. La nieve cordillerana, el clima seco y la oferta hotelera diversa completan una postal que se repite en redes sociales y campañas de promoción.

El turismo no se limita a la copa. La provincia ofrece turismo aventura, circuitos de montaña, termas y una escena gastronómica que mezcla recetas criollas con cocina de autor. Cada vendimia renueva ese relato y sostiene empleos en hotelería, transporte, gastronomía y servicios culturales. Para buena parte de la población urbana y rural, esta cadena es la base de la economía familiar.

Fortalezas actuales del turismo mendocino

  • Rutas del vino bien marcadas que conectan bodegas históricas y proyectos jóvenes con propuestas innovadoras
  • Paisajes de montaña que permiten combinar degustaciones con trekking, rafting y cabalgatas
  • Gastronomía basada en productos locales, carne a la parrilla y huertas de proximidad
  • Creciente oferta de alojamientos, desde hostels urbanos hasta spas de lujo entre viñedos
  • Calendario de eventos que incluye vendimia, festivales, ferias de diseño y encuentros deportivos

Este modelo refuerza una marca clara. Mendoza aparece ligada a relax, naturaleza y experiencia cuidada, algo que atrae a visitantes de alto poder adquisitivo y genera derrame en toda la región. Cuidar paisaje y agua ya no es solo un tema ambiental, también es una decisión económica.

La promesa y el desafío de Vaca Muerta

En paralelo, la provincia observa con atención el avance de Vaca Muerta. Aunque el núcleo principal de la formación se ubica en otras provincias, la extensión del yacimiento y la infraestructura asociada abren puertas a más actividad hidrocarburífera en territorio mendocino. Equipos técnicos, servicios de transporte, talleres, comercios y alojamientos vinculados a esta cadena aparecen como nueva fuente de empleo.

Para departamentos con menos flujo turístico, la industria del petróleo y el gas representa una oportunidad concreta de desarrollo. Sueldos más altos para determinados perfiles, contratos para pequeñas empresas proveedoras y obras viales financiadas con regalías cambian el horizonte de varias comunidades. La discusión ya no es solo técnica, también es social y política.

Agua, paisaje y licencias sociales en juego

La convivencia entre viñedos y pozos petroleros no depende solo de números. El punto crítico está en cómo se usan recursos escasos, especialmente el agua en una provincia semiárida que vive del riego. Cualquier actividad intensiva genera preguntas sobre consumo hídrico, riesgos de contaminación y efecto sobre glaciares y ríos que alimentan oasis agrícolas.

Cooperativas de productores, asociaciones de turismo, universidades, asambleas ciudadanas y cámaras empresarias participan de un debate que se volvió cotidiano. El concepto de “licencia social” aparece con fuerza. Un proyecto puede tener permiso legal, pero fracasar si comunidades locales no perciben beneficios claros ni garantías ambientales sólidas.

Preguntas que ordenan el debate provincial

  • Qué usos del agua deben priorizarse cuando turismo, agricultura e industria compiten por el mismo recurso
  • Cómo evitar que caminos de servicio, ductos y instalaciones industriales degraden paisajes que hoy atraen visitantes
  • Qué estándares de monitoreo ambiental se consideran aceptables para preservar suelo y acuíferos
  • De qué manera distribuir regalías y beneficios para que no queden concentrados en pocos actores
  • Cómo proteger la marca “Mendoza destino de naturaleza y vino” cuando crece la huella de la actividad extractiva

Responder estas preguntas exige coordinación entre Estado, sector privado y comunidades. Los conflictos recientes alrededor de leyes ambientales muestran que cualquier cambio percibido como retroceso encuentra resistencia inmediata.

Estrategias para no perder ninguna de las dos apuestas

Frente a este escenario, la provincia ensaya caminos intermedios. En algunas zonas, el ordenamiento territorial busca delimitar áreas aptas para explotación y espacios reservados a agricultura y turismo. En otras, se discuten protocolos ambientales más estrictos, monitoreo independiente y fondos específicos para infraestructura social financiados con recursos de la industria energética.

Al mismo tiempo, el sector turístico refuerza su perfil sostenible. Bodegas invierten en riego por goteo eficiente, energía renovable y gestión responsable de residuos. Hoteles y operadores destacan credenciales verdes en la comunicación con mercados internacionales, donde la preocupación ambiental pesa cada vez más al elegir un destino.

Si esta combinación funciona, Mendoza puede ofrecer un caso singular en Sudamérica: una región que logra sumar divisas energéticas sin diluir el valor de su paisaje ni la calidad de su oferta turística. Si el equilibrio se rompe, el costo se medirá no solo en números de exportación, también en pérdida de encanto, conflictos sociales y daño a una marca construida durante décadas.

Por ahora, la provincia avanza entre vendimias y perforaciones, revisión de leyes y nuevos proyectos de inversión. El futuro se definirá en la capacidad de sostener diálogo, respetar límites ecológicos y diversificar la economía sin sacrificar aquello que hace reconocible a Mendoza en cualquier mapa del mundo, la combinación única de cordillera, vino y vida al aire libre

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