Empresarios del sector playeros cuestionan un aumento impositivo municipal que eleva sus costos operativos en más de un 60%, advirtiendo sobre pérdidas y ajustes en los precios al público. La medida, aprobada por el Concejo Deliberante, busca financiar un fondo de promoción turística.
La temporada estival, tan anhelada por cientos de pequeños y medianos empresarios, comerciantes y trabajadores de la provincia de Buenos Aires, se presenta con nubarrones para los concesionarios de las playas de Pinamar. La reciente sanción de una nueva tasa municipal ha generado un abrupto desequilibrio en las proyecciones económicas de los balnearios, según denuncian sus propietarios, ensombreciendo el inicio de la época de mayor movimiento.
En el marco de una Asamblea de Concejales y Mayores Contribuyentes, el cuerpo deliberativo local aprobó la creación del “Fondo para la promoción turística del partido de Pinamar”. La iniciativa, que cosechó veinte votos afirmativos y seis negativos, impone el pago mensual de un módulo adicional sobre cada partida inmobiliaria. Los recursos recaudados serán administrados por la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico, a través del Consejo Municipal de Turismo, en una jurisdicción comandada por el intendente del PRO, Juan Ibarguren.
La medida provocó una inmediata y fuerte reacción entre los dueños de los paradores. Luis Sanza, portavoz de la Asociación de Concesionarios de Playa, expresó su frustración al señalar que la determinación se comunicó tardíamente, cuando los cálculos y la planificación para la temporada ya estaban consolidados. “Se le planteó el malestar al Municipio, pero claramente las cuentas no dan y tuvieron que recurrir a esto”, afirmó en diálogo con este medio.
Sanza detalló que, durante reuniones previas, se había acordado con las autoridades un incremento razonable en línea con índices de inflación. Sin embargo, el nuevo gravamen implica una suba adicional del 37 por ciento, lo que se traduce en un aumento acumulado del 66 por ciento. Esta alteración brusca deja a los empresarios en una encrucijada: afrontar la temporada con una merma significativa en su rentabilidad, trasladar parcialmente el costo a los precios de la comida o incrementar la tarifa del alquiler de sombrillas y carpas. “Nos quedamos descolocados porque ya hicimos la preventa de enero”, lamentó el representante.
Frente a este escenario, la asociación mantiene una mesa de trabajo con el municipio en busca de alternativas, aunque algunos concesionarios ya han iniciado acciones legales contra la tasa. Sanza remarcó la premura: “En pleno inicio del verano no tenemos tiempo para eso, sino evitar las penalizaciones porque ya corre”.
El fundamento oficial para la implementación del fondo reside en la necesidad de financiar campañas de promoción, publicidad, eventos y mejoras en la calidad turística, con el objetivo de potenciar la demanda, las inversiones y el empleo a lo largo de todo el año. No obstante, para los balnearios, el momento de la implementación resulta lesivo.
Paralelamente, el contexto geopolítico local añade otra capa de tensión. En el límite con el partido de General Madariaga, a cargo del radical Esteban Santoro, se inauguró una nueva estación de servicio de YPF. Su ubicación, a escasos metros del acceso a Pinamar, se convirtió en un mensaje elocuente: al estar en otra jurisdicción, no cobra el 3 por ciento de tasa vial que sí se aplica en las estaciones pinamarenses, un impuesto que ha sido blanco de críticas por parte de referentes nacionales del oficialismo.
En otro frente, y tras un conflicto latente, la Asociación de Guardavidas de Pinamar alcanzó un principio de acuerdo con la Municipalidad para la recomposición salarial. El entendimiento incluye pagos retroactivos y la convocatoria a una nueva reunión paritaria en enero, lo que aleja, por el momento, el riesgo de una interrupción en el servicio de custodia de las playas.
Mientras tanto, Pinamar continúa siendo uno de los destinos predilectos, con niveles de ocupación que superan el ochenta por ciento, según datos del Observatorio Argentino de Turismo. Sin embargo, el éxito de esta temporada estará marcado por la capacidad de los balnearios para absorber el shock financiero y por la reacción de los visitantes ante posibles ajustes en los precios finales. El dilema entre la promoción turística futura y la viabilidad económica presente divide aguas en la costa