Una tierra que lo dio todo la están vaciando y dejando sola que destino le queda.
Comodoro Rivadavia, cuna del petróleo argentino, vive hoy un lento pero sostenido desangramiento laboral y social. Cada semana, más familias quedan sin ingresos, más operadoras se retiran sin dar explicaciones, y más trabajadores se ven obligados a aceptar retiros voluntarios que, en la práctica, son boletos sin regreso.
¿Hasta cuándo va a esperar Comodoro para recibir respuestas? ¿Hasta cuándo vamos a mirar para otro lado mientras la historia se repite como una maldición?
Porque no se trata solo del pasivo ambiental que dejan empresas como YPF, sino también del pasivo social, económico y humano que se instala en los barrios, en las escuelas, en los comedores, en las mesas vacías de miles de hogares.
Los yacimientos parecen perder valor, pero no es casualidad. Hay una jugada clara para depreciar la riqueza energética del sur. Se bajan los equipos, se desinvierte, se empuja a los trabajadores al retiro, se desarma lentamente la estructura productiva. ¿Y luego qué? Venden barato, concesionan o rematan.
Las operadoras que se van, ¿rinden cuentas? ¿Quién gana con este vaciamiento? ¿Hay algo que no se nos está contando?
Mientras tanto, los sindicatos hablan, pero también callan. Muchos dirigentes aceptaron retiros en silencio. Saben que quien se va, difícilmente vuelve.
Y todo esto ocurre bajo un gobierno nacional que busca redibujar el mapa productivo argentino. ¿Tiene algo que ver esta caída con la presión por abrirle paso a la minería? ¿Por qué la pesca, el petróleo y otros pilares patagónicos están en crisis simultánea? ¿Casualidad o causalidad?
Con las elecciones en Chubut en el horizonte, los mismos nombres de siempre buscan renovarse. Todos ligados al Estado. Nadie quiere soltar la teta del presupuesto. Pero la gente ya no come promesas. Comodoro no necesita más discursos, necesita trabajo, inversión y futuro.
Muchos miran hacia Neuquén y Vaca Muerta como una salida. Pero entrar allí es difícil: hay que empezar de cero o ser parte del círculo de poder. Los obreros y las PYMES de Chubut hoy están en una encrucijada. Y en el país del “sálvese quien pueda”, no todos pueden nadar.
Pero aún hay una verdad: el que no arriesga, no gana. Y tal vez, esta crisis sea el principio de algo. Tal vez sea hora de unirnos, de organizarnos, de no esperar más que vengan a salvarnos.
Comodoro y su gente lo dieron todo. Merecen un futuro. Merecen ser parte de la nueva era energética del país, y no quedar como un recuerdo borroneado de la historia.
Diego Chauqui
Fuente: vmo