¿El fin del home office?: cada vez más empresas vuelven a las oficinas

La tendencia del teletrabajo comienza a revertirse con compañías que buscan mejorar la colaboración entre pares y la productividad.

Apenas cinco años atrás, con el inicio de la pandemia, el teletrabajo parecía que llegaba para quedarse, que incluso era el futuro del empleo, pero poco a poco empieza a perder terreno.

Empresas que durante el confinamiento promovieron el home office como una solución inevitable, hoy revierten la modalidad y exigen que sus empleados regresen a las oficinas.

Amazon y JPMorgan encabezan esta vuelta a la presencialidad, con la idea de fomentar la colaboración entre pares y -¿por qué no?- elevar la productividad.

En Argentina, la decisión de la empresa Big Box de volver a la modalidad presencial plena también generó un sinfín de repercusiones, a favor y en contra. Pero, ¿es realmente más eficiente el trabajo presencial? ¿Son decisiones correctas? Más aún, ¿estamos ante el fin de la breve era del teletrabajo?

“Al principio, los empleados se sintieron desorientados y estresados, porque nadie sabía cómo trabajar a distancia. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que la mayoría de los trabajos de oficina podían hacerse desde casa, y muchos se enamoraron del teletrabajo” dijo Radostina Purvanova, profesora de Management y Liderazgo Organizacional.

Sin embargo, esa “luna de miel” con el home office no perduró para todos. Con el tiempo, algunos empleados empezaron a extrañar la interacción en la oficina. Incluso se sintieron aislados y pidieron volver. Otro gran porcentaje, como madres, padres y jóvenes, valoran la flexibilidad que les otorga trabajar desde el hogar.

“Muchos se dieron cuenta de que el ritmo prepandemia era perjudicial para su salud mental y física”, destacó Purvanova.

La diversidad de opiniones sobre la modalidad de trabajo es evidente.

“Hoy tenemos una mezcla de preferencias: un 25% de empleados prefiere la oficina, un 40% opta por un modelo híbrido y un 35% sigue eligiendo el teletrabajo pleno”, indicó la especialista.
Alejandro Melamed, consultor en recursos humanos y referente en el futuro del trabajo, advierte que el regreso a la presencialidad no fue indiferente para los empleados, que generó tensiones en distintas organizaciones.

“Algunas empresas ni siquiera tenían el espacio físico suficiente para recibir a todos sus empleados. En ciertos casos, fue una estrategia encubierta para reducir estructuras: quienes no aceptaban volver quedaban fuera”, señaló.

Para Melamed, la discusión no es solo logística, sino cultural.

“Existen dos modelos mentales en juego: el del control, que busca supervisión física, y el de la confianza, basado en la gestión por objetivos sin importar desde dónde se trabaje”, explicó.

Si bien cada vez más compañías apuestan otra vez por la presencialidad, no todas pueden darse el lujo de imponerla sin consecuencias. Si así lo quisieran, en los sectores más competitivos no tendrán más alternativa que ofrecer un fuerte salto salarial o un abanico amplio de beneficios extra.

Mientras la discusión sigue abierta, la presencialidad plena -otrora considerada como parte del pasado- vuelve a instalarse de lleno en el mundo corporativo.

Un punto clave para entender el impacto de la vuelta a la oficina es revisar qué dicen los estudios sobre la productividad, qué da mejores resultados, si el trabajo remoto o el presencial.

¿Qué dicen los estudios?

¿Qué modalidad de trabajo es más productiva? La pregunta parece sencilla, pero la respuesta está lejos de serlo. La productividad en la oficina no es tan fácil de medir como en una fábrica, donde se cuentan unidades producidas.

Entran en juego factores como la satisfacción del cliente, la calidad de los proyectos, la creatividad y la innovación.

Para Purvanova, la clave está en los matices. La comunicación es más efectiva en persona: se comparten más ideas, más rápido y con mayor fluidez. Como la creatividad depende en gran parte de la comunicación, el entorno presencial podría ser más favorable para la innovación.

En cambio, la ejecución de tareas se facilita en entornos remotos, donde hay menos interrupciones.

“La evidencia sugiere que el trabajo híbrido podría ser el mejor modelo para la productividad, combinando lo mejor de ambos mundos”, sostuvo.

Uno de los estudios más amplios sobre el tema fue el que se publicó en octubre de 2022 en PLoS ONE.

Es una revisión de evidencia que muestra que, antes de la pandemia, el 79% de los artículos publicados indicaba que el trabajo desde casa mejoraba la productividad y el rendimiento, mientras que solo un 21% reflejaba efectos mixtos o nulos.

Sin embargo, cuando la pandemia forzó el teletrabajo a tiempo completo, el escenario cambió: apenas el 23% de los estudios post-pandemia registró mejoras en la productividad, mientras que el 38% reportó impactos negativos.

¿Conclusión? El teletrabajo es más efectivo cuando es una opción y no una imposición.

¿Qué modalidad se impondrá?

El debate sobre el futuro del trabajo ya no gira en torno a si el teletrabajo es viable, sino en cómo diseñar modelos híbridos que combinen flexibilidad y productividad.

La posibilidad de trabajar algunos días desde casa llegó para quedarse, sobre todo en grandes ciudades con problemas de movilidad.

Del otro lado, también existe el riesgo de que el trabajo remoto genere aislamiento y reduzca la capacidad de influencia en el entorno laboral.

El avance tecnológico también jugará un papel clave en la transformación del mundo laboral.

En los próximos años, la tecnología seguirá erosionando la necesidad de las oficinas físicas. En China, por caso, ya experimentan con gafas de realidad virtual para que los empleados interactúen en entornos digitales.

En Estados Unidos, hay empresas que prueban metaversos donde los trabajadores se conectan en tiempo real mediante avatares. La flexibilidad laboral, al parecer, ya no es una opción, sino una demanda innegociable de los trabajadores.

El escenario más probable del futuro del empleo se vislumbra mixto, ni 100% remoto ni totalmente presencial. La clave radica en encontrar modelos flexibles bien diseñados que equilibren autonomía, productividad y bienestar.

El gran desafío para las empresas no será solo definir cuántos días se trabaja en la oficina, sino entender que la motivación y la eficiencia no dependen tanto del lugar, sino de cómo lograr liderazgos que mantengan a sus equipos comprometidos

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