Intendente Jaque, entre el protagonismo y la negación de la realidad

“Solo hemos perdido protagonismo”, sabe decir el intendente de Malargüe.

Por Horacio Marinaro

Celso Jaque, intendente de Malargüe, negó que su departamento esté relegado, “solo hemos perdido protagonismo”.

Optimista con las posibilidades de la minería en el Distrito Minero Malargüe Occidental, sostuvo que ese objetivo bien vale la buena relación que mantiene con el gobierno provincial de Alfredo Cornejo más allá de las diferencias partidarias.

El poder es un ídolo ficticio y quien quiera simular un análisis político o sociológico puede jugar a producir explicaciones que aparentan comprender las lógicas de tensión de un espacio de gobierno como lo hace hoy Jaque en general.

Estas declaraciones me recuerdan a una persona virtuosa, que actúa de acuerdo con los principios morales y éticos, y que busca hacer el bien.

Las virtudes son cualidades que se consideran moralmente buenas, y que permiten hacer lo correcto y evitar lo contrario. Está claro que el ex intendente Juan Manuel Ojeda nunca fue, ni es, ni será un virtuoso. Existe sobre ello un enorme rosario de pruebas.

Maquiavelo decía: “Con el concepto de poder todos juegan y van en cualquier dirección”. No es preciso recurrir a teorías complejas ya que la dinámica propia de la gestión ocupa interminables horas en comprender de qué se tratan las necesidades urgentes de la gestión, situación que ocurre por lo menos al inicio.

Jaque no está en el minuto a minuto, y es posible que una manera productiva de alejarlo de la chance de control sea trabajar sin pausa para garantizar su ausencia, como lo hacen hoy algunos funcionaros de su deslucida gestión actual. Ellos entienden que su lejanía se garantiza con mayor productividad en la gestión y les abre a estos supuestos herederos una posibilidad de continuidad.

Cabe destacar que a numerosos seguidores y simpatizantes del ex gobernador los embarga el recuerdo de sus brillantes gestiones anteriores en el timón del departamento frente a la anomia y pobreza de la actual.

Los lleva a repetir una y mil veces que Celso ya no es el mismo. Antes nada escapaba a su ojo crítico y a su actitud vigilante mientras que hoy el descuido impera en la ciudad sin parecer importarle un rábano a nuestro alcalde.

Lo que es notable es que aún mantiene la fluidez de una verba florida que al escucharlo nos hace pensar en el país de las maravillas. La realidad es otra.

Habiendo pasado más de un año de gestión hay funcionarios que no funcionan y, lo que es más grave, nunca funcionarán. Están los otros, lo que se creen la última coca cola en el desierto y ni siquiera llegan a ser agua saborizada. Frente a la falta de respuestas operativas al reclamo de los vecinos, se obtiene una variada gama de excusas y acusaciones. ¿Jefes de área y directores que no obedecen a su secretario o éste es temeroso frente a los primeros? Entonces alguien está de más.

Esto que escribo no les gusta a los autoritarios y a los especialistas en supervivencia entre los pliegues del poder. El ejercicio del periodismo crítico es un pilar fundamental de la democracia, aunque el prebendario tenga mucha más vigencia en la actualidad. Por eso hoy más que nunca, molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Malargüe se ofrece al futuro con un recambio que puede que resulte en algo más productivo para el devenir de la Argentina. Que finalmente los problemas sean tantos y tan serios, que no quede otra opción que ocuparse de resolverlos.

Sin un protagonista fuerte y decidido no hay confabulación ni complot, aunque los actores secundarios también son esenciales para la historia. No necesitamos solamente intérpretes, sino funcionarios que ejecuten, que comuniquen, que nos interrelacionen de otra manera, muy distinta a la nuestra, a la que hasta hora veníamos acostumbrados.

No soy portador de la verdad absoluta, pero puedo expresar sin temor a equivocarme que somos muchísimos los ciudadanos contribuyentes que bregamos por contar con funcionarios y servidores públicos competentes, abiertos y solícitos a compartir con nosotros, de un modo que nos pueda hacer pensar que se puede hacer vivir de otra manera distinta a la actual.

El gobierno local parte de la premisa falsa de fascinar al vecino al ostentar la adquisición de un generoso y flamante parque automotor y vial, mientras que este último aspira mínimamente a su aplicación a tareas y servicios para los que fue adquirido.

El afán de protagonismo de Jaque hoy no nos lleva a ningún sitio porque nos distorsiona la realidad mientras a la autoridad de control (entiéndase HCD) se la priva de la documentación necesaria para ejecutar eficazmente ese control más allá del triste papel de varios ediles que más que representantes del pueblo son mansos corderos levantamanos ante el requerimiento del mandamás.

Yo no diría que en Malargüe todo anda mal, pero sí diría que anda mal todo aquello que para un municipio debería ser lo más importante. Y algo más grave es que lo poco que anda bien, el gobierno se preocupa en aislarlo y perjudicarlo. Al respecto, que nadie se llame a engaño, la compra de una planta de adoquines es una clara muestra de un tremendo gasto innecesario. Nos aleja sin remedio de lo verdaderamente importante. De todo lo que nos interesa.

La recolección domiciliaria de residuos, que siempre funcionó bien, hoy no se hace igual. La recolección diferenciada de los residuos no se hace, La cubierta sanitaria es un caos sin ningún tipo de control. Las calles de tierra añoran la visita de las motoniveladoras y camiones regadores. Hay basura y escombros por doquier. La sanidad del arbolado público padece el ataque de áfidos y bichos del cesto, hoy ya es una plaga. El bulevar de Rufino Ortega sigue sin terminarse, congregando a decenas de obreros sin control alguno, etc.

Debemos destacar – nobleza obliga – que han sido recuperadas varias fuentes de agua que otrora fuesen abandonadas por la desidia e inoperancia de gestiones anteriores. De igual modo fueron reemplazadas las farolas de avenida San Martín que estaban en estado deplorable y hoy vuelven a tener uniformidad con el clásico diseño que tenían las originales colocadas en la primera gestión de Jaque. Su tecnología LED es acorde a nuestro tiempo. Lo lamentable es la pérdida de las valiosas columnas de hierro fundido que soportaran las anteriores.

Sin perder nuestro habitual optimismo, hacemos votos para que el intendente se ilumine y haga algunos cambios y modificaciones para que el término funcionario adquiera su verdadero sentido en nuestro querido Malargüe

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