Escenario agropecuario. La suerte está echada: las pérdidas de la campaña 2022/2023 serán multimillonarias

Aun si la lluvia comenzará hoy mismo, y en forma torrencial, poco importaría a los productores que están perdiendo la cosecha y los animales.

El paso de la seca, en el sudoeste bonaerense. / Fotos: Pablo Presti-La Nueva., misionescuatro.com y el diario.ar.com

La seca que afecta casi al 50 % de las tierras del sector productivo de la Argentina es tan severa, especialmente en la zona núcleo, que hasta es complejo precisar la magnitud de las pérdidas a la salida de los lotes (la mayoría, sin cosechar siquiera).

Se ha llegado a un punto de no retorno donde no pocos ven en el horizonte una crisis climática semejante a la recordada de 1975. Y lo que es peor, con la incertidumbre de no saber cuándo comenzará a llover, como si en el sector, en sí mismo y por eventuales decisiones de los diferentes gobiernos de turno, no se generaran otras incertidumbres en este último tiempo.

La estación de verano, que conlleva temperaturas por las nubes como nunca, ha hecho trizas el escaso resto de humedad de los perfiles. Y por eso es tan complicado determinar los alcances de las pérdidas de la producción granaria, donde las estimaciones se actualizan semana a semana, día a día, hora a hora. Y siempre hacia la baja: menos producción, menos rendimiento, menos pesos.

Si vuelve a caer agua desde el cielo, porque algún día sucederá, una eventual mejoría recién podrá verse en la venidera campaña. Tal como aquella frase atribuida a Julio César, alea iacta est (en latín), en la noche del 11 al 12 de enero de 49 a.C. tras atravesar el río Rubicón, la suerte (de la campaña 2022/2023) está echada.

Un estudio de la gerencia de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y de la Fundación INAI (Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales), de esta semana, ofrece un poco de luz en el medio de la oscuridad.

El dato más impactante de la seca puede comprobarse a un impacto, respecto del panorama a septiembre, cuando se lanzó la campaña gruesa 2022/23, equivalente al 1,1 % o 1,8 % del Productor Bruto Interno (PBI). Referencia de autor: 2 puntos del PBI nacional representan alrededor de U$S 15.000 millones (en poder adquisitivo constante).

El panorama de producción de los cultivos de gruesa, a ese mes de primavera con casi tres años de sequía, era el siguiente:

—41 millones de toneladas de soja.

—44,5 M/T de maíz.

—3,7 M/T de girasol.

A esta semana, con un escenario más pesimista (o real), se bajó a:

—35,5 millones de toneladas de soja.

—37,8 M/T de maíz.

—3,5 M/T de girasol.

Desde la Bolsa porteña se concluyó que, de cumplirse las estimaciones iniciales de producción de aquel mes, habría implicado una caída del Producto Bruto Agroindustrial (PBA) de 4.067 millones de dólares (—8 % i.c.), respecto de la campaña agrícola 21/22.

Ahora, si persiste —o empeora— la situación climática se provocarán pérdidas más significativas: 11.025 millones de dólares (—21 % i.c.) para el primer escenario y U$S 15.743 M (—30 % i.c.), en el segundo caso.

La situación para el trigo, el cultivo icónico de la zona en derredor del puerto de Ingeniero White, es paradigmática respecto de la falta de precipitaciones.

Al inicio de la campaña (ya se cosechó el 92 % de todo el país) se habían proyectado unas 23 millones de toneladas, casi una más respecto de la anterior. En el mejor de los casos, se aguardan 12,3 M/T. Y la cebada, con 3,5 millones de toneladas cosechadas, no presenta un panorama diferente.

En los planteos ganaderos, la muerte de animales en los mismos lotes sin pasto empiezan a ser recurrentes, en especial en el norte del país donde se debe lidiar, además, con altísimas temperaturas.

Las reservas ya se han agotado y no son pocos los animales que comienzan a ingresar a los feedlots, más allá de tratarse de un sector que arrastra una caída significativa en los últimos tres años (casi en coincidencia con la sequía).

El modo desesperante no es desesperanza para un productor agropecuario acostumbrado a lidiar con avatares, pero sí condiciona al sector agropecuario, el mismo que hasta hace un rato —sin sequía— prometía los dólares necesarios para que el país empiece a abandonar esta encrucijada. Habrá que esperar

Por Guillermo D. Rueda – La Nueva Provincia